04 junio 2010

La cala de les Rotes


Hay lugares de los que soy un enamorado. Uno de ellos es la cala de Les Rotes, en Dénia (Alicante). Allí la Pepa y yo vamos siempre que podemos, sobre todo cuando no hace excesivo calor ni excesivo frío, y entonces nos podemos meter en el agua con los neoprenos, tubos, gafas y aletas, y disfrutar de la vista de allá abajo. Lo repetimos la semana pasada.


En realidad, el agua estaba helada. La impresión, al principio, fue fuerte, pero después me acostumbré, aunque la Pepa duró un cuarto de hora por el frío que sentía en la cabeza. Yo al final me obligué a salir del agua, o en poco tiempo me convertiría en una peligrosa medusa.


De este lugar contaría muchas cosas, pero prefiero copiar aquí el texto que escribí en la contraportada de Superdeporte en septiembre del 2007, poco antes de irme a vivir a Andorra por trabajo, y sin ni siquiera intuir nada de eso. Eran tiempos en que las batallitas se publicaban en un medio de comunicación, para luego saltar a esta extraña blogosfera, de manera un poco más personal. Adjunto a continuación la foto del pdf de aquella página con mil detalles que no sé si se apreciarán. Especialmente cachonda me parece la foto del encabezamiento, la cual por cierto me la hizo la Pepa, siempre dispuesta a todo.


Aquí va el texto principal:

"Algunos se preguntarán por qué es ahora en septiembre cuando el menda este nos cuenta la batallita en la playa, si agosto ya es el pasado. Muy sencillo. En mi opinión, cuando mejor y más a gusto se está al lado del mar es en esos meses en los que el calor sigue apretando pero no está todo lleno de turistas. Y con perdón, pero el caso es que meterse en el agua con tu neopreno en septiembre, octubre y en los meses de marzo y abril, es un lujo que algunos intentamos valorar.
En la cala de Les Rotes, en Dénia, tenemos un marco espectacular para la práctica de un buceo que yo llamaré pasivo por aquello de que se limita a observar —curioso esto último en una persona cargada de dioptrías—. Nada de pescar, coger piedras del fondo del mar o arrancar la flora marina. Por favor. En un paraje protegido como este sólo se permite dejar vivir. Faltaría más. Y allí, hacerse el muerto boca abajo, oyendo tan sólo el ruido del mar y tu respiración pausada por el tubo, es lo más grande. Además, con la ayuda de las aletas, uno se puede sumergir compensando la presión del agua —existe una desigualdad entre nuestra presión interior y la exterior— y aletear como un pez entre rocas que, en ese paraje y en tantos otros, llenan de colores nuestro litoral. Pero todo esto incluye momentos de intensidad entre peces que no huyen despavoridos ante ti, sino que conviven, observándote de reojo, no te vengan las ganas de ir a por ellos, en cuyo caso lo más que puedes hacer es gozar aleteando detrás con una sonrisa de oreja a oreja. Y dejarlos marchar."



Añadiré, por último, un regalo que me hizo el otro día la Pepa en forma de texto, con motivo de la cala de Rotes y nuestra reciente visita:


"De vegades, la feina, les preocupacions, la família ens envaeixen el cap i no deixen lloc per què altres puguin donar oxígen al sobrepés que comporta el dia a dia i allò que ens té lligats a la realitat. Cal donar sempre una oportunitat per treure’s de sobre aquest plom que ennegreix la nostra existència. Trobar la llum de vegades sembla complicat i inclús d’altres impossible. Posar-se en contacte amb la natura i integrar-se en ella com un membre més, però d’aquells que no tenen problemes, és la millor solució. A les Rotes, una caleta molt especial, es troba part de la reserva marina de Dénia, bucejant entre tota la varietat dels peixos que allà hi ha et sents com un més. Aleshores ets lleuger. No només perquè estàs en la mar, sinó perquè aquell sobrepés desapareix per un moment. Llibertat, tranquil·litat i benestar són només algunes de les percepcions que et fan allunyar-te fins que no saps on te’n vas... és una d’aquelles coses que no es pot explicar."