28 agosto 2010

Viva la Geperudeta

Vamos con el fallerío. Dicen que empieza el curso político, esa especie de pantomima diaria en todos los medios de comunicación que nos persigue a los ciudadanos por los siglos de los siglos y que solo descansa en verano, cuando los parlanchines se van a la playa y nos dan un respiro. Ya se oyen las grandes frases de los cantamañanas de los gobiernos de uno y otro lado. Ahí están, tan bien peinados, con sus trajes y corbatas, con sus camisas de colores suaves en estos días de calor extremo. Qué monos. Pandilla de gañanes, esperpénticos personajes ávidos de votos y poder, indescriptibles engendros nacidos de la palmadita en la espalda y la sonrisa facilona, tan creíble como el discurso del trilero. Payasos.

Foto: T. CASTRO (http://www.elpais.es/)

Son como tiburones que pululan por los mares y entre olas aparece un barco pequeño que les ofrece carnaza, y la siguen, y luego otro bote, este un poco más grande, que les invita a pelearse por la sangre. Y salen del agua y brincan lo que pueden por morder y llevarse cuanto más cebo mejor, moviendo el mar y haciendo de la calma chicha marejadilla, y de ésta marejada, hasta alcanzar la fuerte marejada, que les encanta. Son unos imbéciles soplagaitas que luchan por un puñado de votos, unos payasos sin gracia, unos estúpidos charlatanes.

Y aparece el fallerío. El tito Camps, moreno, espigado, altivo, con un sonrisón que te mueres, suelta aquello de "no hay quien mueva a alguien que tiene las raíces totalmente asentadas en esta tierra". Zas. Oh, populacho, escucha, soy tu siervo, lloro por ti y tu tierra valenciana de la luz y del color, que es la mía, mírame y piensa que soy de los tuyos... ¿que no? Ahí va esa otra gran frase en la que se compara con "los naranjos que sufren heladas, y erre que erre, siguen ahí dando frutos, como nosotros". Grandioso, espectacular, fantástico, espeluznante. Viva la Geperudeta y la Santa Faz, viva la Inmaculada Concepción (tan pura ella) y viva sobre todo Luis García Berlanga.


Foto: Europa Press (http://www.rojoyazul.es/)

Este Camps es un genio de la interpretación para algunos, pero para otros es el yerno que toda suegra (valenciana) quisiera tener, porque es un 'bon xic' que va a misa, reza por él, su familia y todos los valencianos, se va de procesión, romerías y pone cara de mártir cuando toca, sonríe cuando debe, viste como un dandy y se comporta como un mocosín de colegio de curas que nunca ha roto un plato. Amparo, boníssima la paella, che, barbaritats, dona'm les sobres per al gos. Adulador, impoluto, limpio de pena y culpa. Pillín.

La política es ese montón de mierda que nos enerva, que nos apacigua y que nos domina, y unos podemos pasar de ella o intentarlo, pero muchas veces implicarnos. En otras, como en estas, algunos no podemos, como periodista y amante de analizar mensajes de este calado, evitar pensar en cuánto daño se hace a la gente pretendiendo, como se pretende, que les prestemos atención. Cielo santo, desplómate sobre sus cabezas para que podamos hacer borrón y cuenta nueva y limpiar de tanto majadero la tierra valenciana, esa que sobrevive al invasor, irreductible como la aldea gala. Con perdón.

Foto: http://nicolasramospintado.wordpress.com/

27 agosto 2010

Mariola bien vale un esfuerzo


Por orden: el casco de Manu, Boni, Javi, Jordi y los dos Rafas a cola.

Habré subido a Mariola decenas de veces, pero desde que vivo desterrado es casi una ascensión desconocida para mí. El miércoles me reencontré allí. Sus apenas 4 kilómetros de puerto por pista forestal se suben rondando los 35 minutos estando en forma, pero es tan dura que hay gente que necesita más de una hora para coronar en la Cava Arquejada de Agres (Alicante), uno de los lugares que más me gusta de este mundo. Como suena.


De izquierda a derecha: Rafa, Javi, Manu, Jordi, Rafa y Boni, en la Cava Arquejada de Agres.

Cuatro 'Cul Arrere' (Manu, Boni, Jordi y yo) y dos 'Jabalins' (Javi y Rafa) visitamos la subida yendo al límite. Hay dos zonas para cronometrarla, o bien desde abajo del todo, o bien desde unos pilones que marcan la ascensión cementada un poco más arriba, en un primer tramo extremadamente duro de apenas un kilómetro. Desde abajo hice 31min 45s, cuando mi anterior mejor tiempo era de 35 minutos, y de hace años. Desde los pilones, 27min 45s. Hay que decir que Rafa (el otro Rafa, no quien escribe) tiene el mejor crono, con algo más de 24 minutos conseguidos hace unos años. Un jabato. Acercarse a los 25 minutos me parece exagerado, pero ese tiempo es desde ya una referencia.


El perfil de la salida, con los datos extraídos por Manu.

Me encontré echo polvo subiendo, pero supongo que es el precio por ir tan fuerte. Mantuve el plato mediano todo lo que pude. Esto es, hasta un punto en el que mi cabeza decía "no" pero el dedito índice de la mano izquierda dijo "sí", y entonces cambié al plato pequeño no sé si sin querer queriendo. Ahí perdí mucho tiempo, pero no lo pude mantener. Aguantar ahí el plato mediano es ganar segundos. Cuando rebajó aquella pendiente (si se puede llamar rebajar a subir un 20%), volví a meter el plato mediano. Y hasta arriba, donde llegué exhausto y con dolor de pulmones. El 31min 45s ya es mi nueva marca. Pero tendré que estar alerta, porque alguno ya dijo al acabar: "Ese tiempo lo tengo que mejorar". Espero que así sea, para que aumente la motivación.

24 agosto 2010

Año de extremos

En el 2010 no hay término medio. O hace un frío de narices, o nos morimos de calor. Verbigracia:

Adjunto aquí dos videos de cuando llegué a donde estaban Pepa, María, Noemí, Carlos y Toni esperándonos en el Portalet, en la pasada edición de la Quebrantahuesos. Aquel 19 de junio de tanto frío y tanta lluvia y tanto sufrimiento. Hasta a mí me sorprende, meses después, mi propia cara de derrotado, el tembleque en la mano, el no saber ni lo que digo...




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Y aquí os dejo el otro extremo. Salida en bici del lunes 23 de agosto. Diego, Luis, Raúl y yo huyendo de la deshidratación. El pulsómetro marcó una máxima de 45ºC y una mínima de 39ºC. Estuvimos media tarde en un bar de Náquera bebiendo y relajados. Una globerada obligada. Salimos del bar camino a casa a las 20.00, para llegar casi de noche a Valencia y, pese a eso, con 38ºC. Hicimos mal en salir de casa, es cierto, pero hicimos bien en convertir una salida en bici suicida en una tarde de bareto y reencuentros muy agradable. Es cuestión de acoplarse.




21 agosto 2010

Sin querer, pero lo he vuelto a hacer

Sin querer, pero lo he vuelto a hacer. Hacía tiempo que no me pasaba, pero de nuevo ha ocurrido. Me he pasado de la ralla. Por cabezón, por animal. Porque no estoy bien de la cabeza.

El martes subí el puerto de Pal con la bici y desde allí algunos compañeros andorranos con los que iba me indicaron lo que se veía enfrente, a lo lejos. Un espectáculo. De derecha a izquierda: El Pic del Carroi, Beixalís, el Coll d'Ordino un poco más allá, el otro valle intuido detrás... Entre la frondosidad de los bosques se apreciaban caminos, y vi uno que cortaba la carretera del puerto de Beixalís hacia la izquierda, dirección el Coll d'Ordino. ¿Hay una pista que los une?, pregunté. La respuesta, como siempre, un tanto confusa: ni sí ni no, tal vez un puede.

Hablé con mi compañero David del tema y de su respuesta también interpreté que, efectivamente, debía de haber un camino. Quedamos para hacerlo juntos el viernes con las bicis de montaña, para ir por aquella pista que se intuía. Al final David no vino, y yo, que estaba allí compuesto y sin novia, me dije, chico, tira para allá a ver qué te encuentras. Primer error.

Fui por la carretera de Escaldes a Anyós y allí empecé a subir el puerto de Beixalís (1.795 metros de altitud). Casi 9km de cadencia con el tractor, a 140 pulsaciones muy tranquilo y muy a gusto, extremadamente a gusto entre una soledad increíble y un silencio espectacular, pedaleando por una carretera ancha y perfecta envuelta por un bosque a ambos lados, con un fuerte olor a pino y a tramos con el fresco que salía de entre los árboles.

A tres kilómetros de la cima -tal vez dos- vi un camino a la izquierda: demasiado llano, demasiado impecable, demasiado para ser el camino que yo pensaba. Lo deseché. Segundo error. Entonces me dije que, bueno, podía coronar el puerto -era la primera vez que lo subía por esa cara y siempre en el estreno me gusta no poner el pie a tierra a mitad de subida, cosas mías...- e intentar coronar el Bony de les Neres (2.200 metros) por pista o senda o lo que hubiera que conectara con aquello. El desnivel entre Beixalís i les Neres no era superior a los 400 metros, con lo cual era superable, pensé. Tercer error.

Y superable era, pero a base de sudar y sufrir. El primer tramo por senda me obligó a hacerlo a pie arrastrando la bici. En cuanto rebajó la pendiente, me subí de nuevo a la bici, pero el camino era angosto y difícil, lleno de raíces y piedras grandes y sueltas que hacían de escalones. Iba alternando zonas de pedaleo con zonas a pie, con dificultades pero nada que no me esperara ni que me incomodara en exceso. Conozco el Bony de les Neres porque hace dos años lo subí, aunque por la otra cara, andando desde Encamp en un día espectacular que plasmé aquí (http://rafabatallitas.blogspot.com/2008/10/blog-post.html), y el conocimiento me dijo que la subida sería siempre entre bosque, que tendría algún tramo duro, pero que nunca me encontraría lo que aquí se conoce como una 'tartera', es decir, una subida por grandes piedras sueltas producto de pequeños desprendimientos y propio de la alta montaña.

Tartera no hubo, pero sí una enorme pendiente con tierra, ramas rotas en el suelo y piedrecillas sueltas. Un infierno de subida que me costó lo que no está escrito. Sufrí muchísimo porque además estaba tremendamente agobiado por el calor y las centenares de moscas que atraía. No me dejaban respirar, se me metían en la boca, en los oídos, entre las gafas, las veía en las sombras que mi cuerpo dejaba en el suelo. Sudaba y sudaba y me quedaba poca agua que iba administrando, y menos mal que el hecho de conocer el medio me hizo pensar que no estaba muy lejos de la cima.

El Bony de les Neres y su fealdad (hay unas antenas entre el bosque, nada más) apareció de repente en mis narices. Ya estaba arriba. Sin embargo, poco antes estaba sentado en el suelo, jadeando como un perro después de tirar la bici por la desesperación, la cual se arrastró algunos metros hacia abajo. Las manos en el suelo, la mirada perdida, el cuerpo agarrotado, las gotas de sudor colándose en los ojos... Cuando bajé aquellos pocos metros a recoger la bici, me noté descoordinado, falto del sentido del espacio y algo mareado. Era el calor, tal vez el hambre, tal vez la sed, pero seguramente era el cansancio. La naturaleza jugaba conmigo, o era solo aquella montaña, que nunca debió de ver un ciclista por allí luchando contra ella y por eso se rebelaba.

La rebelión, pese a todo, fue mía. Por cabezón, por animal y porque no estoy bien de la cabeza. Lo sé. Gané pagando un buen precio, tal vez el cánon que marca la ley, que en este caso fueron minutos de flojera intensa y desesperación, de incertidumbre y de tensión por aquella sensación de falta de equilibrio en mis movimientos.

Pero todo esto es como es. En la cima le eché la foto a las antenas malditas, me puse el paravientos y descendí hasta el Coll d'Ordino (1.980 metros) por una pista que conozco bien, y de allí a casa por carretera. Como si nada de todo esto hubiera pasado. Y hoy, mira si soy tonto, lo cuento aquí pensando que, en realidad, estuvo muy bien, y recuerdo, además, que en la cima de Beixalís, antes de iniciar el infierno del Bony de les Neres, vi un cartel que, en contra dirección al camino que cogí, decía: Coll de Jou. Y la pista parecía maja. ¿Nuevo error?

(Fotos pondré otro día, en cuanto encuentre el cable que a saber por dónde anda)

19 agosto 2010

Los puertos de Andorra, ¡señalizados!

Ay, que me emociono, que esto ya no se controla, que esto va a ser un despiporre, una locura. Madre mía. Andorra ha dado un paso adelante en cuestión de ciclismo. Por fin se han percatado de que aquí hay un potencial que se debe explotar. Tanto puerto y tanta historia, que si viene el Tour o la Vuelta, que si la Volta a Catalunya, que si el país de las montañas, pero aquí los puertos se subían a ciegas. Es decir, tú tirabas para arriba y sin pensar en lo que podrías tardar, ni siquiera en lo que te quedaba, y ni mucho menos en los porcentajes. Te plantabas allí con un 25 y luego sufrías como un cochino o ponías el 27 e ibas sobrado. Total, que un poco de sentido común y organización, y listo: carteles para todos.

Estas son las 18 rutas que se han marcado en Andorra. Si pincháis en el gráfico, lo podeis hacer más grande y descargároslo. (Fuente: El Periòdic d'Andorra)

Todo ha sido un acuerdo entre el gobierno del Principat, la Federació Andorrana de Ciclisme y los ayuntamientos, y en unos meses carteles al canto. En ellos te indica lo que quieres saber: el porcentaje de desnivel por el que pasas, los kilómetros que te quedan para coronar, el puerto en el que estás (no creáis que es fácil saberlo, porque a veces de tanto subir y bajar uno se marea), la altitud, el desnivel que se superará hasta la cima. No está mal, aunque pondré algunos peros.


Para empezar, para los semiciegos como yo, es un cartel demasiado pequeño. O eso, o es que paso muy rápido, y no lo creo. Claude Benet, ministro de Turismo de Andorra, dijo en la presentación que estaban hechos para ciclistas y no para coches, y de ahí su tamaño. El caso es que uno va subiendo y no sabe cuándo se los va a encontrar. En teoria es cada kilómetro, pero en algunos casos es un poco más e incluso un poco menos. Luego hay una diferencia con los clásicos y los originarios de esta iniciativa en Andorra, que son los de los Pirineos franceses. Tú subes el Tourmalet o cualquier coloso de aquellos y te va indicando, kilómetro a kilómetro y muy puntual, el porcentaje de esos siguientes mil metros que vas a afrontar, lo que te queda hasta el final y todos los datos que aportan los andorranos también, pero con la diferencia que los franceses te indican que te quedan 7 kilómetros, 6, 4, 1, en números redondos, mientras que en el Principat te indica 3,7 para la cima, o 1,6... Este pequeño detalle me parece importante, porque el ciclista va tan derrotado que un dato como 1,6km hasta la cima le es más complicado de asimilar que uno que indique 2km. Digo yo. Luego están, como también hay casos, los que se cronometran kilómetro a kilómetro. Seguramente estos serán los menos, pero existen también.

En definitiva, que si hay que ponerles nota a los carteles para mí tienen un 6, porque son interesantes e informativos, pero un poco pequeños y un poco confusos. Aunque, para ser la primera iniciativa de este palo que se hace en un país en el que conducen como locos, no está mal. Tal vez es un paso más para avisar de que, ojo, Fitipaldi, que aquí hay ciclistas a 10 por hora.

14 agosto 2010

Aparcacoches en Andorra


El menda llega a trabajar. Como no lo hace en bici, no sabe. No será porque no tiene hueco: delante, ningún coche. Maniobra sin mirar. En realidad, sin esforzarse. Gira el volante, mira de soslayo por el retrovisor y anuncia que la acción del aparcamiento ha finalizado con una sonora puesta del freno de mano. El copiloto no da crédito y sonríe, y el otro sale del coche. Aún no le ha dado tiempo a pisar el suelo cuando el compañero, a traición, dispara. He aquí la prueba de que en Andorra no hay aparcacoches. Si los hubiera, algunos no tendrían que coger un taxi para llegar a la acera.

11 agosto 2010

Mi regalo de cumpleaños



El otro día cumplí 32 años, y como quiera que en realidad fue un día para olvidar por diferentes motivos, intenté buscar una solución para animarme. Así es que, me dije: "¿Qué podría subir?". Y nada, que caí en la cuenta de que, después de casi tres años en Andorra, nunca había coronado en bici el Port d'Envalira. Así es que hoy, que tenía unas horas en un hueco laboral, he bajado hasta la frontera, y desde allí, hasta arriba dirección Pas de la Casa. Además he estrenado el mallot conmemorativo de los cien años del paso del Tour de Francia por el Tourmalet, mallot que pese a venirme largo, me encanta.



Y hasta arriba son 36 kilómetros de sube y baja primero y después de puerto puro y duro. Una ascensión desde los 850 metros de altitud (más o menos) de la frontera con España hasta los 2.408 de la cima. En realidad, ha sido muy duro, porque he ido a la hora de comer y, pese a haber comido dos bocadillitos de nocilla y un plátano a las 13.30, luego en la subida la barrita que me he enchufado no ha sido suficiente. Los dos botellines han volado rápidamente, y como no sé por qué extraña razón me he empeñado en no parar absolutamente para nada, pues no he repuesto líquido, y he llegado al tramo decisivo -los últimos cuatro kilómetros, en los que subes de 2.000 a 2.400 metros- con el hombre del mazo dándome vueltas. Tan cerca estaba la pájara, que he intentado subir de pulsaciones con algún cambio de ritmo, y sin embargo no he conseguido pasar de 158, cuando subía todo el rato a 145.





Como manda la tradición, la subida ha culminado con la foto de rigor, en plan conquistador, porque una cima es una cima, y si tiene 2.408 metros de altitud no es como para tomársela a broma. Un dato: allá arriba la temperatura era de 12 grados. He bajado con tiritona, pero tan solo un par de kilómetros, porque luego he puesto la directa y me he regalado un descenso a tope, aunque con viento en contra, que me ha obligado a adelantar algún coche de turistas que iban mirando el paisaje. Yo, como ya lo conozco, de 50 por hora no he bajado. Un placer bajar así tantos kilómetros, y sin pensar en los riesgos, pero con la suficiente conciencia de responsabilidad. En casa, un poco más tarde, he comido por dos.

06 agosto 2010

Zurich: Nuevos 'finishers', nuevos héroes

A finales de julio se disputó el Ironamn de Zurich. Óscar López, Raúl López y Ángel Guerrero lo acabaron. Son nuestros nuevos 'finishers', pese a que sea el segundo Ironman de Óscar, que parece que se está especializando. Raúl y Ángel debutaron.

El mejor tiempo, si acaso eso importa, fue de Óscar, que incluso mejoró en media hora su crono de hace un año en Calella. Completó los 3.500 metros nadando, los 180km en bicicleta y los 42,195km de la maratón en 10h 29min. Raúl lo hizo en 12h 13min (su crónica, en http://raulbiciaction.blogspot.com, o clickando en este mismo blog, a la izquierda, en "Panoramix nuestro druida") y Ángel en 12h 48min. Mi homenaje va en este video.

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Seres privilegiados, almas limpias y cuerpos destrozados, machacados y doloridos, pero todos llenos de vida. Años de preparación con pequeñas pruebas que al principio parecen grandes. Exigencia y constancia. Constancia, mucha constancia. Medio día compitiendo por un sueño. No hay que entenderlo si no se quiere, no hay un por qué, no hay un sentido si no se prueba. Moverse para nada, nadar entre un mar de personas sufriendo, pedalear contra el viento horas sin otra meta que comer y recuperar (¿se puede?), pensar en la maratón y cubrirla de la mejor manera posible. ¿Que hay que andar? Pues se anda. ¿Qué hay que sufrir? ¿Alguien lo dudaba? Un Ironman no es una carrera normal, no es un visto y no visto, es una prueba de resistencia, la prueba de resistencia por excelencia. Un lujo inscribirse, una experiencia hacerla, una aventura acabarla, un gozo recordarla.