27 junio 2011

Carrera de montaña en Canillo: el debut

Travessa de Canillo: carrera de montaña de 15km y un desnivel de unos 1.200m positivos y otros tantos negativos.

De los 25 inscritos, no sé cuántos éramos en la salida, pero calculo que unos 20. En primera fila se colaron dos niños (infantiles, que también la hicieron, los 15km, en 3h 05min, los muy... no me llegaban ni al pecho de altura, qué rabia de críos y qué vergüenza me da...), y como nada más salir era trepar, dieron por saco todo lo que quisieron y más, estorbando a los mayores, que no es por nada, pero con un paso nuestro ellos hacían dos.

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Video de ATV, la tele de Andorra. El menda sale en los primeros planos, pasando por un puente y con una técnica de carrera descomunal, gorra en la cabeza y con escupitajo incluído.

La subida inicial fue una locura, de salida, a todo lo que daba la patata medio trepando. Fui adelantando primero a los críos, luego a dos adultos y en seguida la fila se rompió, con huecos entre corredores de unos 20 metros. La primera parte fue muy dura. ¿Correr? Ni de coña. Ni trotar, no me llegaba el resuello cuando medio llaneaba la senda, pero yo andaba rápido intentando imitar al que llevaba delante. Que él trotaba, yo trotaba, que él andaba, yo lo mismo. Y así hasta atravesar una presa preciosa y el primer avituallamiento. Notaba que en las bajadas yo perdía comba, y que en las subidas recortaba aunque no trotara. En la siguiente subida dura, alcancé al que llevaba delante, y poco después al siguiente, y éste se puso detrás de mí descolgándose en las subidas/trepadas porque estaba muy musculado y yo soy un tirillas, y cogiéndome en las bajadas cabreteras entre rocas.

Fuimos juntos un rato y cuando la senda se hizo llana, los dos nos dijimos que lo malo había pasado, y entonces seguimos recto. Al instante él soltó un "me cago en la puta" que me asustó, y es que nos habíamos equivocado unos metros, y la senda seguía... ¡hacia arriba! El calvario a tope de pulsaciones no se había acabado, así es que hicimos de tripas corazón y para arriba. Mientras el compañero el calvito aún renegaba, yo le sacaba metros. Hasta el otro que se había quedado por detrás lo cazó, mientras me fui directo hacia la cima, con una pendiente extrema yendo a cuatro patas a veces, y hasta parándome porque agonizaba de verdad. Al final llegué a la cima, y giré a la izquierda hacia la cresta de la montaña. Espectacular, chavales: se veían las pistas de esquí de Grandvalira allá abajo a tomar por culo, brutal. Estábamos a unos 2.600m de altitud.

Pero no había tiempo para turismos ni lindezas, pasé el control de la cima y vi el cartel que indicaba, aún, 10km para meta. Entonces vino lo peor. Juro que prefiero subir dejándome la vida en ello, que bajar. El descenso se inicia suave por la cresta, con aire y caída libre a ambos lados aunque con espacio de unos 20 metros de anchura, y por una senda que no era senda, sino hierbajos altos que tenías que ir chafando buscando las banderitas que te indicaban el camino correcto. Es decir, líneas rectas. Ya noté que iba a sufrir, y oí los pasos de los dos que llevaba detrás. Me adelantó uno y luego el otro, y yo a mi ritmo de 'glober' sufriendo por mis rodillas y mis tobillitos. "Pisa con el talón", me dijo uno de ellos, y la verdad es que me sentí más seguro. Aun así, vi la suela de mi zapatilla en dos ocasiones, y caí en la cuenta de que mis tobillos son de goma.

Llegué al siguiente punto de control que indicaba la bajada pura por senda ancha, y pregunté cuántos llevaba delante. "Eres el quinto", me dijo. "¿El quinto? ¡No me digas!", exclamé. ¡Eso significaba que a la cima de la carrera había llegado el tercero! Me cago en la leche, no os hacéis una idea del subidón que me vino. Bajé por la senda lanzado, a todo lo que daban mis piernas, y fui cogiendo un ritmo bueno. "Si acaban reventando, aún los pillo", me decía a mí mismo sin saber que el que iba a reventar era yo.

Continué bajando, y pese a pensar que iba como una bala, volví a oír pasos detrás. Un señor que según los datos de las inscripciones tenía 61 años me estaba recortando. "¿Tan lento voy?", me dije. Total, que el tipo se me puso en el cogote, diciéndome que no iba bien y que estaba apuntado a la carrera larga (25km) pero como tenía lumbago, pues que al final hacía la corta (15km). Y yo pensando: "Y encima me vacila". Al final me pasó, y abrió tanto hueco que no lo volví a ver hasta la meta salvo un pequeño tramo de subida donde lo tuve a tiro, pero yo ya no iba nada.

Empecé a notar que todo me fallaba. Los tobillos se doblaban cada vez más, y hasta me llegué a hacer la zancadilla yo mismo. No pensaba bien, y entonces empecé a preocuparme. Hacía calor (se llegaron a los 33 grados), pero había bebido de la mochila y en un avituallamiento hasta paré, cuando no lo tenía previsto antes de la carrera. Iba tocado: metí los pies en dos bajadas de río diferente, pese a intentar evitarlo, claro, y ya estaba claro que la chola no me funcionaba. No tenía hambre ni sed, diría, sino que era que estaba reventado.

El descenso por el bosque se me empezó a atragantar y me llegó el agobio. En las zonas de sombra tenía que reducir el ritmo por miedo a no ver raíces o piedras y darme un tortazo, siempre pensando que la cabeza no rulaba como debía. Entonces llegué fuera del bosque y vi que llegábamos al valle de Incles. Desde arriba localicé el camino de cemento en descenso que teníamos que coger, y me animé, pero maldita su estampa.

Al llegar a aquel hormigonado, los pies se me pegaban al suelo y el cuerpo se me embalaba por la fuerte pendiente hacia abajo, y entonces vino el dolor de verdad. La rodilla derecha me iba a estallar. Vi las estrellas de dolor y pensaba que no me aguantaba. Iba espatarrado intentando amortiguar, pero el dolor iba 'in crescendo'. Al final llegué a una zona llana y luego hacia arriba que me alivió, y entonces las patas me insultaron por el cambio tan bestia. De ahí, cruzar el río y afrontar los últimos 3km de subidas y bajadas por el bosque en sombra.

En la primera subida tras el río me noté bien, mejor que antes cuando no me funcionaba la cabeza, pero luego en las bajadas sufría por la rodilla. Estaba hecha polvo... A todo esto, traía una llaga en el pie derecho desde la primera vez que metí la pezuña en el agua, hacía ya rato. Sin embargo, vi delante al calvito de antes, que andaba en plan "no puedo más" y lo pasé. ¡Ya estaba cuarto! Mentira, porque poco después me adelantó un chaval que no habrá cumplido los 16 años... En fin. Me quedé sin reacción al verlo. ¡A ese niño lo había pasado en la primera subida seria del día! El daño ya estaba hecho, y su ritmo era inalcanzable para mí, y entonces...

Sin venir a cuento ni previo aviso, noté que el dedo pulgar del pie derecho se encogía. Dolorosísimo, algo que no sabía que me podía pasar, una cosa insufrible. Me tiré al suelo gritando a diez metros de llegar a un punto de control, y la chica que estaba apuntando dorsales hasta me preguntó si me había roto algo. Le dije algo que ni yo entendí, me quité la zapatilla y coloqué el dedo recto haciendo una fuerza importante en plan palanca. Me asusté, chicos. Entonces me alcanzó el calvito musculado, que me quiso ayudar a estirar, aunque le dije que gracias pero yo podía y que si me pasaba se ponía quinto, y pese a que puso cara de "y a mí qué", siguió y ya ni lo vi.

Me incorporé a la carrera todo lo rápido que pude, saludé a la chica del control a la que había asustado con mis berridos, eructé sin querer en su cara el zumo de hacía unos minutos (le pedí perdón y me dijo que no pasaba nada, que tranquilo... me supo fatal, aunque fue un acto sin control...) y vi un llanito recuperador que hice al trote. Aquí me pasaron otros dos tíos, con lo que ya estaba noveno. Pero si bien uno de los que me adelantó se fue claramente, el otro se paró al instante con los mismos calambres que yo en los dedos. Lo intenté animar mientras berreaba y me fui.

Pero yo estaba hasta las narices de bajar, y mi rodilla ni os cuento. Me iba a petar y yo forzándola 'demasié'. Iba ahora octavo pero sentenciado, porque el tipo de los dedos me cogió fácil, lo dejé pasar mientras bajaba con dificultades entre pinos y piedras, y ya llegué a las calles de Soldeu. Estuve a punto de hacer como el Papa cuando sale del avión en un nuevo pais y se agacha a besar el suelo liso, pero otros dos tipos me estaban pisando los talones.

Me metí en el pueblo buscando banderitas como un yonqui que desea su dosis, y aparecí en el arco de meta sin enterarme. A 20 segundos llegaron los dos que me tenían a tiro. Me bebí como un litro de zumo de algo sin darme cuenta vasito a vasito, medio litro de Coca-Cola y me fui con uno de los del equipo nacional de Andorra (Óscar Casal, quinto en la carrera larga, un crack) a meter las patas en una balsa helada. Al final no hubo balsa, sino chorrete de agua polar, que me dejó las piernas para volver a dar la vuelta... ¡ni de coña!



Volvimos a la meta paseando relajados, me puse el 'traje' de periodista, cogí las clasificaciones y memoricé cuatro declaraciones y me fui a la ducha, a casa a comer con mi Pepa en la terraza al solete y al trabajo, con una ampolla abierta en el pie derecho como una moneda de dos euros.

Pues eso, que sexto de la categoria senior, pero noveno del total porque me han superado un tío de 61 años, un júnior que quedó segundo a media hora de mi tiempo, y el cadete que me da vergüenza decirlo.

Mi tiempo, 2h 36min 24a, a 49 minutos del ganador (1h 47min, el bestia, y con rotura de fibras incluída, el tipet).

Conclusión: menos mal que no me atreví a correr el Trail de Andorra del año pasado (http://rafabatallitas.blogspot.com/2010/06/miedo-renuncia-y-decepcion.html), y menos mal que hoy he hecho esta carrera: Ni loco me apunto a una más larga de 15-20km. Antes me revientan las articulaciones. Muy bonito, sí, pero durísimo de verdad, más que una Quebrantahuesos.

24 junio 2011

Quebrantahuesos 2011: No hace falta más

Paco, Rafa, Javi y Patxi, cuando todo había acabado.

Patxi, Óscar y Simon, antes de que todo pasara.

Al coronar Somport, el primer puerto, la fina lluvia y las nubes cerradas me hicieron temer lo peor. Veníamos descansados, sin haber forzado ni haber gastado nada que no fuese lo necesario. Allí arriba meamos Patxi y yo y oí que alguien gritaba mi nombre y apellido, pero pensé que era Óscar, cuando resultó ser Javi. Tal vez por ello no esperamos (con perdón), nos pusimos los paravientos e iniciamos el descenso bajo y sobre el agua.

El ritmo hasta el momento no había sido alto, ni mucho menos. La ascensión se hizo tranquila, y solo perdí la compostura en algunos momentos en que veía que Óscar, que iba de rueda en rueda, se me iba. Tuve la sensación de que eso me estresaba, que estaba más pendiente de él que de mi ritmo, y entonces hice un par de cambios para, al menos, ir yo delante y no pensar en él. Con él detrás resoplando y bebiendo, me relajé.

La Pepa, durante la salida.

Coroné con Patxi a rueda manteniendo el fuelle, fuerte como es pero con sus dudas habituales, lógicas en su debut en la Quebrantahuesos. El descenso, con agua, fue lo peligroso que quisimos nosotros, es decir, muy tranquilo. Cogíamos grupos pequeños y al final aquello fue una fila india larguísima y pacífica. Seguía chispeando y el recuerdo del año anterior continuaba en el ambiente.

Al tomar el desvío hacia el Marie Blanque, cruzamos Escot y nos encontramos con la sorpresa de ver a Óscar parado para recoger su chubasquero, que se le había caído. ¿Iba delante? Ni Patxi ni yo nos habíamos dado cuenta de cuándo nos adelantó, pero ahí estaba. Lo saludamos y seguimos hacia la cima, intuyendo que cogería la rueda. Sin embargo, llegamos a la parte dura del puerto y pasaron tres cosas: la primera era que Óscar no estaba, la segunda que Patxi también había desaparecido de mi rueda, y la tercera, que yo iba lanzado. Subí comodísimo, me dije que con calma a mi ritmo debía superar esas pendientes infernales, y fui adelantando siempre, haciendo los malabarismos habituales en esa carretera estrecha.

A un kilómetro de la cima del Portalet.

Coroné con dificultades, y al iniciar el descenso y ver los claros del cielo y que la carretera estaba seca, me dije que a partir de ahí lo tenía que dar todo y buscar un buen tiempo. Tal vez fue tarde para esa decisión, pero antes el agua del suelo y el cielo gris no me animaron a ello. Así es que en el avituallamiento hice la parada más rápida de los cinco años de participación, con tan solo tres minutos en los que cacé una Coca-Cola, cuatro medios plátanos, galletas y rellené los bidones. Acto seguido volaba en el descenso adelantando a gente como nunca lo había hecho (¿las ruedas nuevas?).

Paco llega al final del calvario, donde ya sabía que iba a acabar.

Empecé a comer como si estuviera de banquete. Primero las galletas, luego medio plátano, acto seguido una barrita, y para acabar con buen gusto, el medio bocata de Nutella que llevaba de casa. En el llano antes de llegar al inicio del Portalet tuve la suerte de coger un grupo con gente que tiraba con fuerza, y me vi obligado a apretar los dientes para no ceder ni un metro y seguir con ellos. Me llevaron en volandas a mí y a todos los que fueron cazando.

Patxi cambia los bidones, con una sonrisa.

El Portalet se presentó ante mí como una incógnita -la de siempre-, y pensé en Raúl y sus cálculos ("si puedes ir a 16 por hora, tanto mejor que a 15"), y los puse en práctica. Cogía un ritmo y lo aumentaba levemente sin llegar a exigir demasiado. Iba adelantando tanta gente como me adalantaban a mí, y entre el silencio sepulcral que se vive allí, cada uno luchaba con sus propias armas. Los había con su tercer plato, los había con su riñoneo, los habia con sus cabezazos, los había con su molinillo, los había con sus soplidos, los había de todos los colores y lugares.

Javi se despide de Pepa, Begoña, Evelyn y las Laias.

En la parte final donde los kilómetros transcurren desesperadamente lentos, el talón de Aquiles izquierdo me dio un par de avisos, y si me ponía de pie me tiraba demasiado. Hasta el momento, todas las molestias que había tenido las semanas anteriores habían permanecido inadvertidas, gracias seguramente a la inestimable ayuda de Ángel Guerrero y sus manos, y esta era nueva, pero adapté el ritmo y la postura y me olvidé de ella.

La Pepa corre al lado de Rafa, con una contagiosa ilusión.

Durante la subida, me limité a matar el tiempo pedaleando (qué cachondo) y haciéndole alguna gracia a alguno que veía con una bici como la mía y le soltaba aquello de "menuda máquina más guapa que tienes", y aquel tenía un segundo para sonreír en aquella larga agonía. Cacé al aire un par de vasos de bebida isotónica que me dieron algunos aficionados que estaban en las cunetas, y hasta me comí un puñado de almendras que un hombre iba repartiendo a todo aquel que le alargaba la mano y le sonreía. A dos kilómetros del final, empecé a pensar seriamente que necesitaba ver a mi Pepa.

La gente en las cunetas no paraba de animar.

Al girar una curva, de repente el número de coches aparcados empezó a aumentar, a cada metro más gente en las cunetas, y el grito de "¡vinga, Rafa!". Allí estaba cámara en mano, corriendo a mi lado con una sonrisa de oreja a oreja, "vas molt bé, vas molt bé", y yo con la flojera sentimental habitual en estos casos cada vez que la he visto allí a mi lado compartiendo ese momento. Me dio un beso, le dije que iba bien, que me encontraba perfecto, tiré al suelo uno de mis bidones, me dio uno lleno, saludé como pude a Begoña, Evelyn y las Laias (madre e hija), y volví a pedalear después de recibir otro sonoro beso. "Ahora sí que irás como una moto", dijo una voz que salió del arcén. Y tanto, contesté, y me metí de pleno en el túnel de gente con banderas, pancartas, pitos, ánimos y saludos, aguantando la emoción y las lágrimas que siempre me vienen a los ojos en ese momento tan maravilloso, cuando estás reventado después de hora y media subiendo sin parar, y aquellos que están desde primera hora de la mañana allí en la cuneta cargados de bebidas, palmas, música y ánimos, insisten en empujarte con su voz y su ilusión, y entonces no quieres que se acabe el puerto, que siga ese túnel pletórico, mientras le coges a un niño el periódico que te ofrece, te levantas para ponértelo y agradeces con aplausos todo el impulso que acabas de recibir. Y de repente, el viento.

Javi Borso coge impulso para reiniciar la marcha, tras saludar a su mujer y su hija.

El viento que rompes a casi 80 kilómetros por hora en un descenso a tumba abierta hacia el siguiente punto de sufrimiento, la Hoz de Jaca, esa chincheta de dos kilómetros que te mata cuando ya estás pensando en llegar a Sabiñánigo. Y es cuando sacas la calculadora que, en mi caso, nunca funciona del todo bien (mis matemáticas...) y entonces haciendo cábalas caes en la cuenta de que estás en tiempo de menos de siete horas y media, y sonríes porque eso es lo que buscabas, y sabes que eso ya nadie te lo quita, y entonces te animas porque ves que, si te sale bien la jugada, hasta bajas de siete horas.

Siete horas. Palabras mayores. Cuando sales de la encerrona de la Hoz de Jaca y enfilas la recta hacia Sabiñánigo donde varios grupúsculos van formando un gran pelotón, ya no te quedan muchas fuerzas, y si encima el viento se planta delante como un muro, rodar se convierte en complicado y te haces menos solidario; nadie quiere pasar al relevo y cazo un pelotoncito que vuela, donde Jaume, un antiguo compañero de batalla en la pasada Siete Picos, pese a todo, tira como un mulo poniendo en fila de a uno a los demás agazapados. Al identificar su mallot y ver un compañero suyo en aquella hilera, le pregunto si aquel de la pierna larga y potencia descomunal es el tal Jaume. Me confirma que sí, y entonces bajo tres piñones, adelanto, me pongo en paralelo del menda y le grito, "¡maestro!", a lo que él contesta, "¡fenómeno!". Nos damos la mano y nos decimos, "¡a relevos hasta meta", y nos ponemos.

Patxi, en el centro, se aleja para buscar la cima del Portalet.

Pero la jugada es de los dos, porque allí no ayuda nadie. Todos miran para otro lado cuando el de delante se abre exhausto, y al final los relevos son largos y agonizantes, porque no nos quedan fuerzas. El pelotón va siendo cada vez más grande porque por detrás llegan buscando cobijo, y mientras tanto las demandas de ayuda son infructuosas. Pero Jaume va a lo suyo con sus palazos, toma, toma y toma, y todos doblamos el cuello. Entonces entramos en el cambio de sentido hacia meta, rola el viento y todo es cuesta abajo, y ahora sí las garrapatas te pasan cuando tus piernas están tiesas como los muertos, y aguantas el arreón mientras les mentas a todos a su madre, a voz en grito, a cara descubierta, y como todos saben que han sido sucios, nadie se ofende, porque asumen su falta. Con las pancartas al fondo, todos esprintan, como si fueran a ganarle al crono todo lo que se han dejado en las rampas de hace 200 kilómetros. Nadie recuerda que, hace unas horas, tenían el gusanillo en el estómago, que luego se dejaron las fuerzas en las rampas del Somport, en la locura del Marie Blanque, en el interminable Portalet y en la inefable Hoz de Jaca, para acabar con un tiempo, en mi caso, magistral, impensable, de 7h 08min 17s, media hora mejor que mi mejor registro, aquellos 7h 41min del 2007, en mi debut en esta marcha cicloturista, que hoy queda tan lejos, después de años de intentonas fallidas, por el calor, por el frío y la lluvia, o por las caídas. La espina clavada ya no existe.

Al cruzar la meta, me encontré con Diego, que esperaba a sus amigos, con el esfuerzo aún reflejado en su rostro, y en nuestras reflexiones, él con su tiempo de 6h 56min 59s, y yo con el mío, concluímos que no nos hace falta más, que, objetivamente, vamos como motos, y que así es un auténtico placer ser ciclista. Luego pensé en mis amigos debutantes que estaban por llegar: Patxi Cisneros (7h 24min 31s), Javi Bellvís (7h 44min 29s), Javi Borso (8h 17min 10s) y Paco Cobos (9h 25min 34s), y en este año magnífico que llevan; me acordé, cómo no, del ausente Samu, y me pregunté qué tiempo habría hecho Óscar: 7h 19min 13s, también tiempazo, aunque ninguno parecido al del gran Raúl: 6h 44min 26s. De todos ellos, hablaré en otra entrada.


¿Nos merecimos todos, animadoras y ciclistas, el descanso?

23 junio 2011

Dignos

Antes de poner la crónica de la Quebrantahuesos, quisiera colgar este video que habla del deporte y del saber participar. El gozo en sí. Es fútbol, lo sé, pero vale la pena.

l'equip petit from el cangrejo on Vimeo.

20 junio 2011

Quebrantahuesos: 7h 08min 17s

Estoy muy cansado pero muy feliz, porque el esfuerzo da recompensas. Han sido muchos años de lucha, cinco en concreto, pero ya está superado el listón de las 7h 30min en la Quebrantahuesos. Las 7h 08min que he logrado me dejan una sonrisa de oreja a oreja, una satisfacción brutal... ¡es una mejora de más de media hora respecto al que era mi mejor tiempo!

En breve colgaré algunas fotos y la crónica.

16 junio 2011

De nuevo, Quebrantahuesos bajo el agua

Aquí tenemos los pasos del Calvario de la Quebrantahuesos bajo el agua.

La resurrección se alcanza primero con esta imagen. El título: la resignación.

El camino hacia el edén continúa con la implicación, y en ese punto aparece la imagen siguiente. El título: el esfuerzo.


Por último, hay situaciones en las que la lucha es tan dura que se alcanza el siguiente estadio del Calvario, y entonces se llega al peor momento. El título: el dolor.


Las cosas vienen como vienen, y no hay un parte meteorológico que diga que vayamos a ver el sol el sábado en la Quebrantahuesos. Es más, no hay ni una predicción que niegue intermitentes lluvias, lo que quiere decir que nos vamos a mojar. Otra vez. He aquí algunas de las imágenes del año pasado.


Es mi quinto año consecutivo, y si el primero fue perfecto en todo, el segundo muy caluroso, el tercero como el primero y el cuarto con lluvia y frío, por relación de ideas debería tocar en este 2011 un tiempo cuanto menos alejado del agua y el tiriteo. Pues no.


Así es que no hay consejos que valgan, sino sacos de paciencia a los hombros, tranquilidad y buenos alimentos, cambiar el chip y buscar la supervivencia en todo caso. No seré yo el que renuncie a acabarla, porque si no lo hice el año pasado, tampoco lo haré este, pero asumo que afecta sobremanera que el día señalado se convierta en un infierno bajo el agua.


Como siempre, nos hará más fuertes, pero yo ya estoy hasta la moña de luchar contra todos esos elementos que nos caen del cielo, de las altas o bajas presiones, y de cómo se levante el ilustrísimo. Así es que ropa de invierno, campeones.



14 junio 2011

Bocata de chorizo

Yendo en bici comes barritas energéticas, algún gel, plátanos y cosas que, con el paso de los kilómetros, te dejan el estómago para el arrastre. A veces no viene nada mal darle un gusto al paladar con un buen bocata de chorizo pamplonés. Y porque no tenía de Cantimpalos, que si no me pongo hermoso ahí a 1.300 metros de altitud donde estábamos.

11 junio 2011

www.canalreport.es

Algunos compañeros bienaventurados se han lanzado al reto laboral de la innovación. En el pasado triatlón de Cullera estuvieron grabando la carrera y han editado el video en su página web (www.canalreport.es). Se trata de un reportaje explicativo sobre la cita de Cullera y sobre la modalidad de triatlón. Me engancharon para explicarlo, y yo lo intenté. Sigo preguntándome porque siempre guiño un ojo.

09 junio 2011

¿Qué es más caro?

Estas cosas curiosas que se mezclan entre la gestión político-administrativa y la estupidez. Aquí tenemos una imagen que no sé cómo ha llegado a mis manos, pero ha llegado. En ella se ve a dos tipos que son indiferentes al tema, porque lo que importa es el cartelón que tienen detrás. Ahí está, tan majo, ese anuncio de obra pública de ¿cuántos metros cuadrados?, no sé, pero muchos, y en él se lee que nuestro estimado y esforzado gobierno aporta 973 euros para instalar tres farolas, tres, así, tres, no treinta ni trescientas, sino tres, en Estepa de San Juan, pueblo que me merece todo el respeto del mundo.

La cuestión es saber qué cuesta más, si la gestión de poner el cartelón, si el cartelón en sí o si las tres farolas. Por otra parte, también es cuanto menos discutible que tres farolas, repito, tres, no treinta ni trescientas, cuesten de montar 973 euros y la friolera de tres meses. Que yo tarde eso en colgar tres cuadros en mi casa, pase, porque soy un vago redomado y muy poco manitas, pero unos profesionales de la obra, es otro cantar.

Curioso debe ser también el hecho de que, tal es el gasto, uno piense que allí se trasladarán un ingente número de obreros que, seguramente, superarán en número a los habitantes de Estepa de San Juan, localidad de Soria que, según los datos que se encuentran en la wikipedia sobre su censo en 2010, es de nueve personas, desglosadas en seis hombres y tres mujeres. Deducimos, no en vano, que también habrá algún animal, de compañía y de sustento familiar. Lamentable es además que, hasta ahora, no hubiera una luz decente por sus calles.

07 junio 2011

Visita a los muertos soviéticos


En el último viaje a Bratislava por motivos de trabajo descubrí en las guías que había un mausoleo dedicado a los muertos de la Eslovaquia soviética. Fui dos veces, la primera a verlo, la segunda a hacer fotos pese a verme obligado a pegarme un gran madrugón. No podía desaprovechar esa oportunidad. En breve quisiera hacer un video con las imágenes que saqué de aquello. Os dejo, de momento, algunas fotos.

05 junio 2011

La Andorra de la ilusión



Justo por donde apoyo mi mano en la imagen esta, ha entrado hoy el chicharro que Karhan ha marcado para derrotar a Andorra por un misero 1-0. De nuevo la pequeña nación sale derrotada de un campo de fútbol, pero ojo, que la Eslovaquia que fue al Mundial de Sudáfrica se lo ha visto muy negro para ganar. Este equipo un día me da un alegrón que me caigo para atrás del susto. Si llega a sacar un empate del estadio Pasienky, le hubiera dado un morreo a la periodista Celika, Celine o Celicea o como se llamara que tenía a mi derecha y que derrochaba atractivo hasta por los pelos.


04 junio 2011

Imágenes de Bratislava

Aquí os acerco a Bratislava. Poca cosa he podido hacer en un paseo matinal por el pequeño y acogedor casco antiguo.










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Un beso en carrera

Siempre es un buen momento para lanzarle un beso, aunque quieras coger al de delante, aunque quieras despegar al de detrás, aunque estés pensando en cómo gestionar la próxima curva. ¿Qué es un beso al aire sino un segundo pero en verdad una eternidad?
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03 junio 2011

En Bratislava

En esta imagen, el estadio Pasienky de Bratislava, pequeñito, para 13.000 espectadores, simpático y agradable, al más puro estilo de país del este. Bratislava, Eslovaquia.
Aquí arriba, el seleccionador nacional de Andorra, Koldo Álvarez, mira a la traductora, durante la conferencia de prensa de esta tarde en la sede de la Federación Eslovaca de Fútbol.
Los jugadores de la selección andorrana, durante los ejercicios de calentamiento del último entrenamiento antes del partido de este sábado contra Eslovaquia, clasificatorio para la Eurocopa 2012.
Este edificio, que tiene pinta de ser oficial por las banderitas del país, es lo que se ve desde la habitación del hotel. De hecho, al pasear cerca de él hemos leido que es el nuevo edificio presidencial del país. ¡Aguanta!
Suerte para Andorra, aunque ya se sabe...

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