21 abril 2012

Por Segovia con premio final en Navacerrada

Un día de ciclismo segoviano, entre pueblos semidesiertos y algunos encantados, para culminar el día con una buena torrada subiendo Navacerrada por las siete revueltas. Hubiera editado un video, pero no hay tiempo para ello, así es que aquí van los brutos, sin cortes, lo que implica que, lamentándolo mucho, haya algún escupitajo, muchas encías y bocazas, alguna incorrección y mucha tontería. Pero oigan, aquí uno estaba dándolo todo, y cámara en mano, así es que no me vengan hilando fino. 155km.

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Ruta: Segovia, Espirdo, La Higuera, Brieva, Basardilla, Santo Domingo de Pirón, Berrocal, La Cuesta, Pelayos de Arroyo, Sotosalbos, Torre Val de San Pedro, la Velilla, Pedraza, Matabuena, Arcones, Torrecaballeros, La Granja de San Ildefonso, Puerto de Navacerrada, Segovia.

Aquí dejo los datos en el enlace, aunque sale por defecto en millas, se puede pasar a kilómetros arriba a la derecha, donde dice 'sistema métrico':
http://connect.garmin.com/page/activity/activity.faces?activityId=161744891&actionMethod=page%2Factivity%2Factivity.xhtml%3AuserSwitcher.switchSystem&cid=886474

18 abril 2012

Entre sendas y montañas


Entre las lluvias y nieves de los últimos días, aparece una jornada soleada y con algo de calor, y entonces los ciclistas setas de los que un día hablaré salen por doquier. El compañero Guy Diaz me enseñó el otro día caminos maravillosos cercanos a la Seu d'Urgell, desde Aravell hasta Castellbó, Vilamitjana y otros desvíos que guardo en la memoria y espero no olvidar.

Meses hacía que no desempolvaba la bici de montaña, y si ya de por sí soy un 'carretero', entre piedras, matojos, agujeros, desniveles imposibles y demás, soy como un globero camino de El Saler un domingo por la mañana. Me siento tan perdido, tan fuera de juego, que quien me acompaña disfruta sacando imágenes de mi sufrimiento, porque tal existe.


Dice la Pepa que tengo que fortalecer mis brazos y mi espalda, y le tengo que dar la razón, pues en bajadas de este tipo, uno necesita de una amortiguación corporal que compense el lamentable rendimiento que da la suspensión de mi bici, un trasto de los que no se rompen ni pidiéndolo a gritos. En ello estaba, en esa lucha contra la piedra traidora y el agujero vil, cuando en una de aquellas bajando por una senda frondosa en el suelo con hojas y tierra removida por las últimas lluvias, debió de clavarse la rueda delantera en un pequeño espacio de tierra, y allá que el menda salió volando cual pajarillo, con la reacción habitual de manos delante y clavícula a un lado. Nada pasó, excepto un rasguño en la rodilla, puesto que el lugar era, de por sí, blando, pero el susto hizo que el resto del 'partido' fuera reservando por si me sacaban la segunda tarjeta amarilla, no fuera que me tuviera que ir a la ducha antes de tiempo, con roja y sancionado.


Antes de la anécdota, habíamos superado una ascensión magnífica y dura para mí, saliendo como estaba de una gripe demoledora, pero hermosa como ella sola. Alcanzamos considerable altura, hasta que, como todo lo que sube, baja, y se me encendieron las alarmas cuando Guy, trabajado valiente en esto de los descensos, dijera de viva voz en alguna curva que hasta él dudaba de pasar. Ante este panorama, yo tenía que poner el pie en el suelo, y así hice en alguna curva a derechas que, si no es por mis miedos, hubiera probado con resultado de dientes rotos y clavícula nueva. Dejé la valentía para otros momentos de mi vida, tales como por ejemplo sentarme en un sofá, y saqué el manual del prudente y buena persona.


El día finalizó con mejor anécdota, pues en el último descenso, el bueno de Guy captó la presencia de su padre y su perro justo por una senda cercana en plena montaña, sorprendiéndome a mí tal casualidad, pero no a ellos, pues por lo visto el hombre, avezado montañero, anda habitualmente entre maleza y arboleda abriendo sendas y descubriendo trazos. Huelga decir que, el can, con tan solo ocho meses de vida pese a su peso y estatura, no dudó en seguir a los ciclistas montaña abajo y lenguajo al viento, lo que me llevó a disfrutar, yendo como iba detrás de él, de su pericia en el descenso, sin frenos de disco ni mecánica, utilizando tan solo su instinto y una aceleración y frenada que ni un piloto de rallys. Con ello cerramos un día de bici y montaña con 28 kilómetros que ya tengo ganas de enseñar a los amigos valencianos, tan acostumbrados al pino mediterráneo.

15 abril 2012

Venganzas pendientes

Cómo atacar cinco veces y no conseguir irte ni media. Salida al Oronet y el Pico del Águila del 10 de marzo en Valencia. Esto pretendía ser la venganza del 'touching faces', video que pongo abajo, que es de agosto pasado en Granada. Javi Bellvís es mi amigo enemigo. Lo identificaréis por las carreteras por ser aquel que mueve un molino por plato grande.



13 abril 2012

El vuelo de la cigüeña

Si hay una cosa que me encanta de Segovia, más bien de toda la meseta, es la convivencia de sus pueblos y ciudades con las cigüeñas. Ellas llegan cuando el frío empieza a marcharse, y se van colocando en las torres de alta tensión, en los campanarios de las iglesias, en alguna ermita perdida, en los tejados de algunos edificios oficiales o fincas normales... Son respetadas y queridas. Cuántas plazas mayores se despiertan con el crotoreo de sus picos.

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El video que he colgado lo grabé en Basardilla (Segovia), en un día de bici. Justo cuando paré a llenar agua empecé a escuchar el fantástico clo clo clo clo que hacen con el pico, y entonces me puse a buscarla en lo alto del campanario de la iglesia. Allí estaba la cigüeña, apoyada en una pata, tranquila, cuando percibí más arriba el vuelo circular de una segunda. Me sorprendió su insistencia en aquel volar como si fuera una rapaz cercando a su presa. Tanto duró que tiempo me dio a sacar la cámara y grabar sin que ella tuviera la más mínima intención de descender.

Al día siguiente, volví a pasar por Basardilla y vi a los dos ejemplares en actitud diferente. Mientras una seguía ocupando la torre y el nido, la otra, ahora sí, descendía a los prados del pueblo a por pequeñas ramas que llevaba al hogar. A mí me resulta maravilloso, algo muy particular, que un bicho como ese, que allá en lo alto parece pequeño pero que con las alas extendidas y a pocos metros es enorme, se acerque a veinte pasos de donde yo la observaba, vestido de colores chillones de ciclista, y ni se inmute, cace con el pico una rama y alce el vuelo para llevarla a la torre. En la zona del Mediterráneo, esa cercanía no se vive más que con las palomas en suelo urbano, aunque a veces un paseo por la Albufera te dé alguna sorpresa con algunas de las garzas que la habitan.

12 abril 2012

¿Oyentes o escuchantes?

Hace un tiempo quedé perplejo cuando un locutor de Radio Nacional de España utilizó la palabra escuchante para referirse a aquellos que estaban al otro lado de las ondas. Pensé sobre el tema un poco insulso de aquello que no es lo mismo escuchar que oir, y que tal vez tenía razón, que el clásico oyente podría tener una connotación de pasotismo, de escucha de fondo. Sin embargo, llegué a la conclusión de que en verdad utilizar escuchante era una especie de fantochada, una ridiculez.

Solo escucho RNE en el cuarto de baño de la casa de mis padres, en Valencia, porque en el resto de transistores o centros de recepción que tengo es la SER la que sale por defecto, aunque muchas veces me arrepienta. Así pues, semanas después cuando volví a aquella estancia, de nuevo escuché RNE y, para mi sorpresa, la palabra escuchante había desaparecido. Pensé, entonces, que posiblemente aquella palabra solo era una parte del estilo del narrador de turno, pero sin embargo otras tantas semanas después, y de nuevo en aquel cuarto de baño, escuché lo de escuchantes.



Ya con la mosca detrás de la oreja, he ido directo a la base, esto es al diccionario de la RAE, y allá la palabra escuchante no existe. Así es que aquí para mí se cierra el círculo, con lo que queda más que claro que escuchante, aparte de alegal y ridículo, es una soberana estupidez. En todo caso, compañeros de RNE, existe escuchador, que puestos a ser chiripitifláuticos (palabra que tampoco registra la RAE, por cierto), es más memo.

Sin embargo, hay aquí argumentos en contra y que aluden a la belleza de esta palabra. Pues nada, simplemente es una cuestión de gustos.

http://www.rtve.es/noticias/20100506/uso-palabra-escuchante/330366.shtml

http://blog.rtve.es/noesundiacualquiera/2010/06/oyentes-y-escuchantes.html

10 abril 2012

Canon de belleza

El pasado fin de semana no sé en qué canal de tantos como hay pusieron la peli de Astérix y las Doce Pruebas. Disfruto tanto viendo estas cosas que hasta mis sobrinos se sorprenden, entendiendo ellos que tal vez sean cosas de niños, cuando no.

Andaban Astérix y Obélix superando pruebas con el toque de humor y mucha fantasía, con César desesperándose en su alcoba, cuando llegó el brete de la isla de las sacerdotisas del amor, aquellas mozas que con sus encantos conseguían atraer a todos los hombres, sin excepción. Observando la escena, con las jovenzuelas contoneándose ante el ancho Obélix y el pequeño Astérix, mi cuñado me hizo ver que la hermosura que reflejaban dichas señoritas era idéntica a la de Sofia Loren.

Pensé en la frase y le di más importancia cuando, al día siguiente, me topé en la tele con El Cid y la pastelona de Jimena, interpretada por la Loren, seguramente en su esplendor y con aquella belleza que hoy aún asombra. Voluptuosa, joven, atrayente, hermosa.
Y ya no tengo dudas. Las modas marcan tendencias, aunque sea con años de diferencia. Porque El Cid es una película del 61, cuando las Doce Pruebas surgió 15 años después. Tampoco ha cambiado hoy la belleza de mujer que se nos vendió con Claudia Schiffer y Cindy Crawford en los 90, porque Charlize Theron o Scarlett Johansson tampoco se van mucho, aunque lo de esta última sea algo difícil de repetir. Solo decir que, en referencia a esta diosa del amor, sacerdotisa o no, no la puedo soportar. Una vez intenté ver Match Point, de Woody Allen, y justo al principio, en la escena que reproduzco, tuve que cambiar de tercio porque simplemente su carga erótica me puso malo. Nunca me he atrevido a volverla a ver. O lo que es lo mismo: no superé la prueba del amor.

02 abril 2012

¡Me la han robado!

Dicen las malas lenguas, no sin razón, que es posible que esté por ahí en alguna farola encadenada, esperando a que yo vaya a por ella. Añaden estas lenguas, con idéntico sentido común, que visto el despiste del que hago gala, la denuncia que he puesto por la desaparición de mi bici plegable quede en agua de borrajas.

Ojalá tengan razón, pero el caso es que no está conmigo. La eché en falta el pasado jueves, y desde entonces he dado millones de vueltas en su búsqueda, allá donde pudiera haberla dejado, que en verdad, es en dos o tres sitios habituales. Ni rastro de ella.


La usé el pasado lunes, hoy hace una semana, para acudir a una rueda de prensa en el edificio del Gobierno de Andorra, luego la cogí y me fui con ella a la redacción. Creo. Y digo creo, porque no tengo el recuerdo de haberla dejado en la calle, de subirla al coche a la hora de comer, y de bajarla y dejarla en la plaza de garaje. ¿Y por qué no tengo el recuerdo? Porque esto es una cosa automática de tantas que se hacen en el día a día, como mear, lavarse los dientes, cerrar la puerta de casa o la del coche, y tantas otras cosas.

De gestos habituales, pasan a ser automáticos, y luego a dejar de quedarse registrados en la memoria. Y entonces, cuando uno intenta recordar, el archivo no se encuentra, porque pasa directamente a ser un spam que el cerebro no registra. Y allá que estaba yo diciéndole al policía de turno: "Pues no sé, oiga, si me la han robado en la calle, en el garaje de casa o incluso si me la he dejado abandonada y atada en alguna farola, pero el tema es que no la encuentro".


Cumplidos los trámites iniciales (preguntar en el servicio de circulación de Andorra la Vella y Escaldes-Engordany, no sea que molestara y los 'urbanos' la retiraran a lo Rita Barberá), y hechas mis pesquisas, concluí que, efectivamente, me la han birlado. Casi una década a mi lado (las fotos son de 2005, en Muxia y en León, ojo a la viajera) y tiene tantas teclas que así el que me la haya levantado se pegue el piño padre que se prevé, porque sé de una palanca que si no la cierras como es debido, y con truco, se abre a mitad de camino, se dobla la bici y puedes saltar por los aires. Majete.