28 abril 2011

Las cuchilladas del año

Rafa aplaude a Óscar, que corona el Pico del Águila tercero.

Una crónica deportiva puede empezar con un detalle, como el de Óscar poniéndose a mi lado en plena subida al Pico del Águila, en los momentos centrales de la batalla, señalándome el plato grande con el que subía y diciéndome "¿ves cómo voy?". Vaciladas aparte, también puede iniciarse por el resultado final, que fue que Raúl llegó primero, yo segundo, Óscar tercero y Javi cuarto. Pero otra manera de empezar un relato es destacando lo subjetivamente más importante, que para mí fue que Óscar, por enésima vez, llegó detrás de mí. Y ya he perdido la cuenta.

Mal está que uno hable de sí mismo en términos de valentía y pundonor, pero sería faltar a la verdad negar que eché toda la carne en el asador, fui valiente, y trabajé como un descosido para superar a Óscar, luchando contra él y sus compinches, en clara desventaja. Por el contrario, el rival que venía de Suiza acudió a su cita navajera con la única intención de mantenerse al nivel, de aguantar el ritmo, de no dar la cara. En una palabra: a defender.


Antes de la guerra, de izquierda a derecha, Rafa, Zori, Óscar, Raúl y Javi.


La batalla se coció días antes. En conversaciones privadas Óscar influyó en Raúl y Zori para aliarse contra mí. Congeniaron y pactaron una táctica que me dejaba solo ante el peligro, pero una vez informado de la triquiñuela, busqué mis bazas en otros lugares, y encontré un estilete en Javi Bellvis, aunque, por circunstancias, éste a veces pareciera enemigo, más que amigo, tales fueron sus arreones, aunque con buenas intenciones.

En el camino hacia el puerto, la tensión se cortaba en el aire. Incluso tuve que gritarles que, de una vez por todas, mostraran sus cartas aunque fuera en el llano, donde nada tengo que hacer. Esperaba un ataque lejano de Zori, porque sé que querían cansarme y que lo conseguirían porque ellos saben que me hubiera empeñado en que nuestro amigo vasco no cogiera mucha ventaja antes de la ascensión. Ese ataque nunca llegó, aunque se moviera un poco el manzano, más por mi impaciencia que por otra cosa -"yo no sigo órdenes de nadie", dijo Zori cuando le pregunté si iba a saltar de una vez por todas-. Sin embargo, sí vino el tiro al blanco de Raúl, en la primera rampa, antes de llegar a Olocau, justo cuando me ponía los guantes de invierno porque nos metíamos de lleno debajo de un nubarrón gris oscuro de mal destino. "Justo cuando atacaba vi que te ponías los guantes, pero ya no podía frenar", se disculpó más tarde el de las Navas.


En la zona metropolitana todo eran reencuentros y buen humor.



El navajazo de Raúl, como siempre violento y contundente, imposible de seguir -qué calidad-, vino al mismo tiempo que las primeras gotas de lluvia que luego se tornaron en pura tromba de agua. Con Raúl por delante, Óscar, Javi, Diego y yo nos planteamos si era lógico seguir con la que nos estaba cayendo, pero el sevillano ya estaba demasiado lejos como para avisarle. Ante esta situación, Javi se puso a rodar en el siguiente descenso, me puse a su rueda y detrás de mí Óscar, mi sombra si en vez de nubes hubiera habido sol. Diego se quedó con Zori.


En el llano antes del puerto, la tensión se cortaba en el aire.


Enfilamos el ascenso puro al Pico bajo aquel diluvio, y con Javi delante dando un tirón devastador que me impidió entrar en el terreno ascendente con buenas sensaciones. Yo iba con el gancho para poder seguirle, y Óscar, detrás de él, tampoco parecía cómodo. Cuando Javi se apartó y dejó hacer, Óscar me cedió el testigo de la responsabilidad, como bien tenía estudiado, y me puse delante a mi ritmo, sin saber muy bien si ir a por Raúl o olvidarme de él y centrarme en soltar a Óscar. Tuve dudas, muchas dudas: la tensión no me permitía pensar con claridad.

Sabía que su táctica pasaba porque yo hiciera el esfuerzo de apretar para cazar a Raúl, que se mantenía delante a unos 100 metros -a veces más, a veces menos-, llevando a Óscar a mi rueda, y que así al llegar exhausto a la rueda del sevillano, el 'suizo' diera la puntilla dejándome hundido en mi miseria. Así pues, pensé que no me convenía ir a por Raúl, sino pensar exclusivamente en Óscar. Tal vez no fue buena opción, pero fue la decisión.

En la zona de semillano donde siempre me gusta acelerar para acojonar al personal -es lo que se llama un ataque de fogueo-, hice lo propio con Óscar detrás y Javi aguantando el tirón, y entre charcos de palmo que nos dejaron las zapatillas con un par de kilos de más. Nadie se soltó, y cuando el ritmo quedó sostenido conforme a la ascensión, de nuevo Javi me quiso ayudar con otro relevo que, esta vez, me dejó al borde de la muerte. Con Javi delante, Óscar debía seguir su rueda, y entonces yo ir el último, pero el ritmo era demasiado fuerte para el esfuerzo que yo acababa de hacer, y sentí que desfallecía. El corazón se me salía por la boca, y la fuerte lluvia, la empañada de gafas que llevaba y el malestar por la situación de la ascensión, me hacían zozobrar. Tiré de cabeza más que de piernas o corazón, y aguanté pese a ceder un par de metros respecto a Óscar. Era un momento muy crítico, porque si el 'suizo' se giraba y me veía agonizar, estaba yo listo. Ahí se pudo acabar todo.

Sin embargo, que Óscar no me buscara con la mirada era un síntoma de que él también sufría. Así, Javi volvió a apartarse y de nuevo entré en la pomada, teniendo que ponerme delante una vez más ante la poca ambición del de Zúrich. De esta manera seguimos unos kilómetros, con Raúl eternamente delante, a la vista siempre, pero lejos. Tan cansina se me hizo la situación que hasta le recriminé a Óscar su actitud, a mi modo de ver cuanto menos cobarde, siempre a la defensiva y tan solo buscando pegarse a mi rueda, fuese como fuese. Él me vaciló varias veces: una diciéndome aquello de "¿ves cómo voy?" y señalando su plato grande rodando al viento; otra cuando le dije que estaría tragando mucho agua que le saltaba de mi rueda trasera y me contestó con ironía que sí, que iba bien hidratado; y hasta una tercera en que, después de un acelerón mío, justo en mi cogote escuché aquello de "¿esto es todo lo que puedes hacer?".


La despedida en Rocafort: Raúl, Javi, Rafa, Óscar, Zori y Diego.


Andaba yo reventado, sin saber cómo soltarlo y pidiendo por favor que Javi no diera otro demoledor relevo, cuando nos acercamos a la rampa dura de Marines Viejo. Ahí vi a Raúl cerca, y con la sensación de tenerlo a tiro y el cabreo monumental que llevaba yo encima por no saber cómo deshacerme de la garrapata 'suiza', me fui a por él. Javi cedió y cedió del todo y ya no lo volvimos a ver, pero Óscar aún seguía pegado como una lapa a mi espalda. A pocos metros de coger a Raúl, Óscar avisó al sevillano de nuestra presencia instándole a que volviera a cambiar el ritmo para que no le diéramos alcance, pero tal vez porque el sevillano no lo escuchó, o porque no tenía fuerzas, lo cogimos. Al neutralizarlo, Raúl me alargó la mano como para pedirme perdón por algo que en ese momento no entendí, y yo la choqué por valiente y luchador. Cayó a rueda de Óscar y los tres iniciamos otra carrera diferente.

Ahora era yo el que llevaba el peso, y los dos a rueda respiraban mientras yo agonizaba pensando en cómo deshacerme no de un gallo, sino de dos. Alcanzamos Gátova y en el mismo pueblo volví a acelerar el ritmo, ahora más fuerte si cabe que las veces anteriores, pero los dos estaban intratables. Raúl, más tarde, dijo que en ese punto estuvo a punto de echar la pota, pero sea cierto o no, el caso es que al salir de Gátova, con Óscar impertérrito a mi rueda y yo reventado por el último arreón, el sevillano saltó por la izquierda, a plato, levantándose de la bici, como mandan los cánones ciclistas, y de nuevo infalible.

Yo estaba muerto. No podía responder a ese ataque y me abrí, enseñándole a Óscar el camino y la responsabilidad que, ahora sí, se vio obligado a aceptar. Fue el 'suizo' a por el sevillano, y de paso a ver si me soltaba, y yo tenía tanta sangre en los ojos que estaba a punto de estallar, pero conocer el terreno es un punto a favor, y por muchas eses que hizo Óscar para soltarme, y mucho piñón que bajase, quedaban 50 metros para el último pequeño descanso, y esa era la distancia que me separaba de seguir con él o que me cayera una minutada.

Le aguanté sufriendo muchísimo y con algún calambre en el gemelo derecho, y él bajó el ritmo: Raúl ya tenía el premio a solo 3 kilómetros de la cima, solo por delante con todo a su favor. Óscar hizo ademán de dejarme pasar, pero le grité que ahora era cosa suya, y entonces lo vi dudar. Estaba nervioso, girándose para atrás continuamente, porque ahora sí que se habían puesto todas las cartas sobre la mesa y su plan estaba al revés, conmigo a su rueda y él delante pensando que, en cualquier momento, llegaría mi estocada.

Los últimos 3 kilómetros fueron un auténtico infierno. Yo no quería ni pensar en una llegada los dos juntos y al esprint, porque no me quedaban fuerzas y él es mucho más potente, pero era la única solución que veía. Pero cuando la rampa endurece me vienen siempre unas ganas locas de probar, y me dije que muerto ya estaba, así es que de perdidos al río: bajé dos piñones, me abrí y solté un ataque flojo pero que le hizo daño. No lo solté, pero sufrió, y luego cedió medio metro, un metro, metro y medio y dos metros, y ya estaba en mis manos. Aceleré como un poseso, metí el plato y me puse a rodar con locura por dejarlo más y más atrás, pero una furgoneta que subía y que le acababa de pasar, se puso justo detrás de mí y le permitió cogerme de nuevo la rueda. Mi cabreo fue monumental. Me enfada muchísimo que cuando se trata de tirar de potencia todo el mundo me toree, y que Óscar me cogiera, después de todo lo que me había costado soltarlo, me supuso un arranque violento de gritos e improperios hacia mí mismo que Óscar no debió de entender.

Ya sólo quedaban dos curvas, tres rampas duras, unos 500 metros de puerto. Al coger la primera revuelta, donde si vas a plato y lo quieres quitar has de andar rápido -hay que evitar que se te salga la cadena, como en otros años le ha pasado al mismo Óscar-, el 'suizo' se abrió un poco, un sonido extraño salió de su boca, como un quejido, y entonces sin mirar, como un suicida, me levanté de la bici y empecé a riñonear pensando en el cartelón del puerto y en dejarlo atrás de una vez por todas. Mirando el asfalto mojado que pasaba lento por debajo de mi bici, coroné justo cuando Raúl, que acababa de llegar, apoyaba la cabeza, exhausto, sobre su manillar. Óscar llegó menos de un minuto después, a mi modo de ver derrotado, por fuerza y por una táctica conservadora que no le dio buen resultado.

Esta batalla, tan intensa y exigente para todos, fue una más de las que por la noche, con un vino y unas cervezas entre medias, salieron a la palestra en una cena entrañable a la que vinieron Zori, Jordi Barrei y Raúl y los enemigos pero amigos Óscar y yo mismo. Como si nada hubiera pasado. Como si, un par de horas antes, no hubiéramos tenido ganas de dejar el uno al otro arrastrando la lengua por los charcos de aquel Pico del Águila que tantas batallas nuestras ha visto. Y verá.


De izquierda a derecha, Raúl el sevillano, Óscar el 'suizo', Jordi Barrei, Zori el vasco, y yo, después de cenar en el barrio del Carmen unas tapas buenísimas y unas cuantas batallas.

26 abril 2011

Ropa sucia

Suelo lavar la ropa en la lavadora, como la mayoría de las personas en un mundo como el nuestro. Sin embargo, estos días que no estoy en mi casa, lo hago a mano, igual que tengo que fregar por no usar el lavavajillas, algo que por otra parte me llena de orgullo y satisfacción (¿?). En fin.

Haciendo la colada, me he llevado una sorpresa. He cogido dos mallots y dos cullotes: uno era el conjunto de ayer, cuando nos cayó una tromba de agua durante una media hora y nos llenamos de la arenilla asquerosa que suelta el asfalto y nuestras propias ruedas; el otro par de prendas era de hoy, que ha hecho un sol maravilloso y se puede decir que ha sido un día limpio de puro sudor.

El caso es que primero he lavado la ropa que recibió la lluvia. He echado agua y jabón en una jofaina, la ropa dentro y lo he dejado reposar. Al rato lo he frotado como mandan los cánones y he tirado el agua por la ducha, con fondo blanco. Aquel agua cristalina era ahora un chapapote negruzco intolerable y me he dicho "vaya con la lluvia, lo que hizo, y menos mal que no he puesto los calcetines...".

Al rato he repetido la acción, pero con la ropa de hoy, la del solete y poco más, y entonces al hacer idénticos pasos el agua ha vuelto a salir negruzca y asquerosamente sucia... ¿Qué significa esto? ¿Acaso sudo tinta china? ¿Es posible que haya una capa de alquitrán que salte del suelo a nuestros cuerpos durante el rodaje y no lo percibamos salvo diluido en agua y jabón? ¿Pero qué está pasando? ¿Es posible que sea una persona llena de diabólica maldad? ¿Tan podrido estoy que mi sudor es como una sombra?

21 abril 2011

Gent normal

Ritmo, buenas letras, in crescendos, sencillez. ¡Menudo aire fresco para la música!

20 abril 2011

Carta a Óscar y Raúl

Queridos Óscar y Raúl:

No sóis hermanos pese a apellidaros los dos López. En principio no tenéis nada que ver el uno con el otro porque uno es valenciano y el otro sevillano, uno es pelirrojo y el otro moreno pura cepa, uno es atleta de pasado y el otro ciclista de fondo. Pero, si se analiza la situación un poco más de cerca, en realidad tenéis muchas cosas en común, empezando por vuestro vínculo actual al triatlón.

La primera y fundamental unión es vuestro pasado competitivo. Ambos os habéis dado de bofetadas durante muchos años, uno en la pista de atletismo, y el otro en la carretera. Habéis entrenado o competido con nombres tan conocidos como José Antonio Redolat (campeón de España de 1.500m en 2001) o Alejandro Valverde (campeón de la Vuelta a España en 2009). Además, los dos tenéis un Ironman en vuestro haber, grandes marcas en carreras atléticas, buenos ritmos en bici y, en lo que más destacáis, es que nadando no sóis precisamente unos delfines. Permitidme el guiño.

Ahora, con el paso de los años, os habéis encontrado con un grano en el culo que se llama Rafa Mora. Este tocapelotas valenciano, segoviano de nacimiento, amante de Perico Delgado y cicloturista contrastado, asume sus deficiencias tanto corriendo como nadando, pero cree que en cuanto a la bici, algo tiene que rascar contra vosotros. Sé que me tenéis entre ceja y ceja, que pensáis que llegaré un poco pasado de entrenamiento a nuestra próxima cita del lunes 25 de abril, que no estaré en forma para poder daros candela. Que sepáis, queridos amigos, que todo eso es mentira.

Asistiré a la cita dispuesto a repartir a diestro y siniestro, no cejaré en mi empeño de llegar a la cima que elijamos aunque sea un segundo antes que vosotros. No porque tenga nada que demostraros, sino por la 'competi' que nos une que es sin duda magnífica, y sobre todo motivadora, tanto para mí como supongo que para vosotros. Esta es la salsa. Pero quede clara una cosa: sin estas pequeñas historias no iríamos a ningún lado.

Yo he entrenado duro, no todo lo que debería ni seguramente como debería, y como vosotros, no llegaré en el mejor momento porque los planes míos, tanto como los vuestros, están encaminados a estar a tope en ciertos momentos puntuales del año (Quebrantahuesos, Mundial de duatlón para Raúl, etc). Así es que, el lunes que sea lo que sea, que reviente quien tenga que reventar, sea a ritmo o a hachazos, y si hay algún elemento que se cruza en nuestro camino (Vela, Zori, Patxi, Barrei, Puente, Miguel...), que sepan que la guerra irá también con ellos. Todo sea que, en plena ascensión, aun tengamos que unirnos los tres para evitar que otros nos toquen la cara.

Quisiera, por último, puntualizar un detalle. La costumbre dice que Rafa Mora siempre ataca o aumenta el ritmo en la primera rampa del puerto donde haya guerra. Esa es la costumbre, pero la tradición a veces cambia, y entonces se trastocan los planes. Tal vez os encontréis con que el peso de la batalla recaiga en vosotros, y tengáis que meter el ritmo que suele quedar en manos del menda. Es decir, no esperéis mirar mis piñones a ver si subo o bajo desarrollo para responder con ello. Todo puede pasar. Lo único cierto es que la suerte está echada.

No sóis conscientes de lo que me hubiera gustado que José el Segoviano estuviera en un día así. Él nos enseñaría lo que es dar candela.

Atentamente, Rafa Mora, vuestro grano en el culo.

18 abril 2011

Mascletà

Un poco tarde, pero aquí va una mascletà fallera en directo.

video

17 abril 2011

¿Castigo o no?

Hoy me he castigado, pero lo que al principio era un enfado serio conmigo mismo, luego ha resultado un gozo. Así es que, ¿en qué quedamos?

Pues me explico. Hoy he salido con el ACA, y ya en la cama no tenía muy claro si ir o no. Al final, con prisas como siempre, he salido de casa con un vaso de leche (¡clonc!) y un bocata de Nocilla en el bolsillo por si me daba el yuyu. He llegado a la salida el último, como siempre, después de bajar los 6km de puerto desde casa como si se me acabara el mundo y con la lengua fuera.

En el camino me han informado de la salida del día: 70km con pique en la subida a Arans, de 9km. Me ha venido un mal cuerpo de mucho cuidado, porque yo quiero hacer kilómetros y no darme de bofetadas (eso ahora, más tarde...), y así es que ya he ido mal todo el día, entre el madrugón, el no desayunar bien, el calentón para llegar a la hora... Al entrar en el kilómetro 30 he decidido, pese a dar la nota en una peña en la que nunca veo a casi nadie comer, sacar la flauta que llevaba por bocata. Uno hasta me ha dicho si me ponía algo de picar, el cachondo. El caso es que me encontraba flojo, y la Nocilla es mi amiga.
Camino de la emboscada del día, con el bocata dando vueltas en el estómago y más allá, tan mal me sentía que me he metido el último del pelotón, tal cual. Allá andaba yo pensando en qué mala hora me había levantado por la mañana, y en una de esas ha llegado el momento del pique serio, cuando en la base del puerto, con 9km por delante, se ha dado el pistoletazo de salida.

Cualquier otro día hubiera hasta atacado en plan farol ante tanto gallito suelto como había hoy, pero he empezado a escurrirme hacia atrás y cuando me he dado cuenta ya andaba solo, con nadie a la vista ni por delante ni por detrás, y con las piernas como palos de madera. En tierra de nadie, donde menos me gusta estar, he puesto un ritmo cansino y aburrido y al final he coronado. No sé ni la posición, pero calculo más allá del 20, de unos 30 como mucho.
Al llegar a Arans, como no lo conocía, mientras se esperaban a la llegada de los rezagados, me he ido al pueblo a mirar. Me he encontrado perros de pastura sucios como el amo y con la misma cara de ¿y tú quién eres?, y alguna fuente curiosa, pero sobre todo, unas vistas espectaculares porque sin querer estábamos a más de 1.300 metros de altitud.


Y nada, que al dar media vuelta y llegar con el grupo al punto de reagrupamiento, mientras el ACA ha ido camino de casa, he decidido darme un par de bofetadas ciclistas, tal era mi enfado personal. Al final, pese a creer que sufriría un desfallecimiento y que tendría que hacer la llamada del auxilio, me he metido 115km, y como en los bolsillos he encontrado dos barritas y un plátano que no recordaba, al final he llegado a casa entero y contento, hasta gozando en la última rampa del 22% que tengo a medio kilómetro del portal. Con lo cual, no sé si ha sido un castigo o un gozo. Siempre es la gran duda cuando caes rendido en el sofá.

14 abril 2011

Detalles de una carretera perdida

Tan perdida que lo primero que percibes a su paso es una gravilla finísima que ensucia las ruedas y te hace plantearte si seguir o no.

Tan perdida que lo segundo que ves son inicialmente unas cuantas y luego unas muchas boñigas sobre el viejo y cuarteado asfalto que te permiten concluir que, efectivamente, debes seguir (¿?).

Tan perdida que lo tercero que asoma a tu alrededor conforme vas subiendo son otras carreteras hermanas, tan perdidas que pocos saben adónde van.

Tan perdida que lo cuarto que ves si levantas la cabeza mientras le das al riñón es una de las decenas de vacas que, unos metros más allá tras la siguiente curva de herradura, te cierran el paso y te obligan a poner el pie a tierra y demostrar que vas en son de paz.

Tan perdida que lo quinto que te cruzas al superar a las vacas que te observan, es una especie de valla de goma que disuade al ganado de meterse en el mismo pueblo, y casi al visitante.

Tan perdida que lo sexto que te llama la atención es una canasta de madera en la fachada de un establo, y un caballo negro que juguetea empalmado como un demonio con una yegüa blanca que rehúye las proposiciones a coces y relinchos, para mi divertimento.


Una carretera perdida que lleva a Castellar de Tost (Lleida).

http://maps.google.es/maps?hl=es&tab=wl

10 abril 2011

Sin ella...

Ella sabe muy bien que a mí una de las cosas que más me gusta en el mundo es que comparta conmigo horas de sol y deporte. Al ritmo que sea, me hace feliz tenerla a mi lado y ver cómo me sorprende y cómo se sorprende ella misma de lo que hace.

Aquí la tenemos en uno de esos momentos en que se pone a trotar y mantiene el ritmo hasta que el alto nivel de polvo en el aire por este calor de los últimos días la obliga a parar y andar. Andar o correr, da lo mismo si se hace en un ambiente de salud absoluto como este en el que nos levantamos, miramos el cielo y decidimos salir juntos a estar con la naturaleza, que en Andorra es mucha e inalcanzable en gran mayoría.

Como voy a estar unos días desconectado, dejo el cartel de vuelvo enseguida con esta bonita imagen después de una jornada de 10km de senda montañera siempre a una altura media de 1.600 metros. Oxigenando para cuando lleguemos dentro de unas semanas a la planície valenciana a darlo todo.

¡Salud y kilómetros para todos!

09 abril 2011

Locuras de ¿primavera?

Vale más una imagen que mil palabras. Aquí están los 46ºC de temperatura que me marcó en la última salida a Vilamitjana y Castellbó. 85km en los que la mínima del temperaturil fue de 31ºC.

Pero eso no lo supe hasta que llegué a casa, pese a intuir durante la sesión que aquel calor era ciertamente intenso. Antes, rodaba tranquilo de vuelta hacia Andorra cuando sucedió lo que muchas veces ocurre sin querer. Tú vas a tu ritmo, pensando en ir relajando porque ya te has dado tu tute, y de repente te adelanta alguien, en este caso dos mendas con manillar de triatleta incluído. En ese momento te asalta la duda: ¿los dejas ir o intentas seguirlos?

Y claro, la primera opción siempre lucha por ganar, y si al luchar uno se da cuenta de que, efectivamente, los puede seguir, pues entonces ya está el lío montado.

Pasé de ir a 28km/h bien tranquilo, a meterme en un berenjenal a 35 por hora y picos de 45. Casi nada con los triatletas. En varios momentos me sacaron de punto, y sólo pude dar un relevo, aunque largo porque tardaron en pasarme tanto como vi que se me acababa la chicha.
Al final, el resultado fue darme una paliza y varias consecuencias asociadas al fuerte calor: toda la tarde reponiendo líquidos (y meando), las rayas de Agroman en brazos y piernas y los siguientes días a base de crema hidratante.

08 abril 2011

Necesito de ellos

No hay nada que me guste más que salir con mis amigos en bici. Es que me parece una fantástica unión de sentimientos aletargados por las distancias del día a día entre nosotros, con nuestro pasado más activo de la postadolescencia. Todo confluye en una amistad que la bici permite mantener. ¿Es o no es bonito?

Pueden pasar meses sin ver a alguno de estos amigos, pero sin embargo, cuando nos volvemos a ver allá que allá, nos saludamos como si ayer mismo hubiéramos estado charlando, y hasta nos insultamos con una confianza memorial. Eso es lo que me encanta, esa naturalidad.


Luego llega el momento de darle al pedal, y ahí todos somos los mismos de siempre. Está el lanzado, el que se queda subiendo y baja como un diablo, el que se queda subiendo y también bajando, el que abre poco la boca pero cuando la abre es para soltar una bien gorda, el que sabe por dónde va y economiza esfuerzos, el que aconseja bajadas o giros inesperados, el que no lleva la bici a punto, el que mide casi dos metros y va con la bici de su novia porque lo único que quiere es juntarse otra vez con los colegas, y el que va siempre dando un punto de ritmo que mata a más de uno. Ley de vida, ley de salida montañera (y hasta carretera).

Y luego está el premio del entreacto, que es el de la salida en sí, donde te encuentras con lugares mágicos que conoces y que siempre están ahí impertérritos esperando tu paso y tu saludo, y paras y tienes un momento para esa carrasca inmensa o ese pino centenario, y luego ves a los lados las piedras viejas de una casa semiderruída que un día vivió en esplendor.

Untitled from manu on Vimeo.



Después del cansancio, más o menos intenso, lo que no puede faltar es el almuerzo como dios manda. Ingredientes: bareto, bocata, coca-colas, cacahuetes, ensaladas, agua y porrón. Para cerrar la mañana, un herbero en toda regla. Otra cosa es que uno se pida un herbero suponiendo un chupito sin maldad, y se encuentre de golpe con un vaso de tubo lleno hasta los bordes, por mucho hielo que lleve.

06 abril 2011

Después de 170km y cuatro puertos

Esta es la expresión que se le pone a uno cuando llega a casa después de hacer 170km y subir cuatro puertos de montaña sin que sirva de nada que durante toda la jornada te hayas ventilado diversas barritas energéticas, algunas galletas, un plátano y un señor menú de 10 euros (sopa, churrasco, pastel, café y litro de Coca-Cola) en un bar a eso de las 14.00 de la tarde en un lugar en mitad de la Sierra de Espadán de Castellón.
La salida en cuestión fue la de los cuatro puertos. Llena de magia, la ruta con inicio y fin en Valencia capital nos lleva a la provincia de Castellón y a subir el Pico del Águila por la cara de Olocau, Marines Viejo y Gátova, luego el puerto de Almedíjar, más tarde el de Eslida, y por último el Oronet por detrás. Así, los pueblos por los que se pasa son los siguientes:

Valencia
Bétera
Olocau
Marines Viejo
Gátova
Altura
Segorbe
Geldo
Soneja
Almedíjar
Aín
Eslida
Chóvar
Azuébar
Soneja
Torres Torres
Serra
Náquera
Moncada
Valencia
Y aquí tenemos a Manu, el gran Manu Celda, fallero en plena semana de Fallas justo el día de antes de colgar la bici para dedicarse a las fiestas. En la ascensión de Almedíjar puso su ritmo y dio el resto. Ya veníamos del Pico del Águila, y justo después de coronar el segundo toro del día, nos esperaba la comida de menú en Eslida. Y aún quedaban dos puertos.


Y aquí estamos hincando el diente y dándole a la lengua, comentando lo hecho hasta ese momento y, sobre todo, lo que quedaba, que eran otros dos puertos, y uno nada más salir del bar.

Sobre estas líneas, un poco más alejado porque iba desbocado, aparece el pequeñín Jordi Barrei(ra), un monstruenco nadador, tiburón para los blogueros, que hizo la salida como si nada y encima por la tarde, dos horas después de llegar a casa, se fue a correr un rato, así como si nada, mientras Manu aparecía por su Casal para empezar su particular kilometrada alternativa, y yo me repantingaba en el sofá haciendo una buena digestión.

Pues nada, os dejo con la imagen de Manu al iniciar la subida a Almedíjar con el pueblo que lleva tal nombre al fondo. Ese puerto es el más bonito del mundo.

05 abril 2011

El Imperio Contraataca

Una noticia mala y una buena. La mala es que en Andorra ha cerrado uno de los cines más antiguos, los Cines Modern, después de que el año pasado cerraran otros también de los de toda la vida. Ahora solo quedan las multisalas del centro comercial.

Pepa y Rafa, justo antes de iniciarse la sesión.

La buena noticia es que, con motivo del cierre, programaron un fin de semana de auténtico escándalo, y encima gratis. Entre los títulos que ofrecieron, Lo que el viento se llevó, Los Goonies, Fantasia, El Padrino, Dirty Dancing, Rocky, Gilda, Toro Salvaje, Regreso al Futuro, El Mago de Oz, La Mujer de Rojo, Terminator, La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca, Doce del Patíbulo o Cantando bajo la lluvia. En fin, multiorgásmico.

Como era fin de semana de elecciones generales en Andorra, solo tuve tiempo para ver una película, y decidí ver El Imperio Contraataca, en pantalla gigante, como si fuera de estreno. Qué placer, qué gusto, qué maravilla. Ya al apagarse las luces, con el cine lleno de jóvenes y mayores, nostálgicos y neófitos, al aparecer el letrero de Lucasfilm en pantalla, hubo una ovación. Los pelos de punta.

A partir de ese momento, el espectáculo, la magia del cine de esta serie de Star Wars. Qué cosa, qué maravilla, qué gustazo poder vivir eso en una sala inmensa. Al final hasta le hice fotos a las letras de crédito, tan emocionado como estaba.

Si reestrenaran clásicos en las salas actuales, seguro que se llenaban las salas. ¡Pero seguro!

04 abril 2011

Contador dominador

La Volta a Catalunya llegó a Andorra hace unos días. En la estación de esquí de Pal, donde acababa la tercera etapa, se esperaba que ganara Alberto Contador. Dicho y hecho.

De repente, de la última curva antes de la meta salió esta piltrafilla formada por huesos, fibra y algo de músculos que lo gana todo porque es un auténtico fenómeno. Lo hizo enseñando el logotipo de su equipo, reivindicando a quien sí le apoya en estos momentos tan duros para él, sobre todo el día de antes de saber que la UCI iba a recurrir su absolución de sanción la supuesta ínfima ingesta de clembuterol.

Segundo y tercero llegaron el norteamericano Levi Leipheimer (derecha) y el italiano Michele Scarponi (izquierda), a 23 segundos del madrileño.

En esta imagen, delante el irlandés Daniel Martin, cuarto en la etapa, y el americano Chris Horner detrás, quinto, en pleno esprint final.

Y aquí, el trasero de otro crack mundial: Cadel Evans, noveno a 50 segundos de Contador.

Pero quien manda es solo uno, y este es Alberto Contador. Un estratosférico ciclista, le pese a quien le pese.