31 agosto 2012

Pisar la nieve por primera vez

Esto es lo que pasa si eres perro, no tienes ni un año de vida, estás lleno de energía y pisas la nieve por primera vez. Es como si estuvieras tan tranquilo paseando y de repente empezaras a decir: "Uauuuu, alaaaa, jajajajaja, guayyyyy, uuuuuuuuuuuuuuuuuh, aaaaaaaaaaaaah, eeeeh, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf, babauuuuuu, yiiiiiiiiihaaaaa, yiiiiiiiiihaaaaa, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf, arf".

Y tan feliz, el tío Arco.

video

29 agosto 2012

Toparse con el Barça de baloncesto

Es un gimnasio tranquilo, un lugar donde por la mañana te encuentras al monitor y a dos o tres madrugadores como tú que, tal vez, o no tienen trabajo o como es tu caso lo tienen a otras horas, y allí todos nos conocemos. Así es que si estás haciendo estiramientos y de repente oyes un hola buenos días de unos cuantos tíos de dos metros, pues entonces te sorprendes, y más si esos mendas son los jugadores de la primera plantilla del Barça, con estratosféricos jugadores como Jasikevicius o la 'Bomba' Navarro. Eso ha pasado hoy en el gimnasio de Encamp (Andorra), y seguirá los próximos días porque están de pretemporada.

video

24 agosto 2012

Cagalera nocturna

Por muchos es conocido mi absoluto terror a la oscuridad. Intento combatirlo con medicina dura, esto es, corriendo por la noche, pero la de ayer fue demasiada. No es la primera vez que lo hago, pero sí es cierto que siempre, hasta ahora, había sido por terreno, digamos, más que conocido. Para que se me entienda, que antes lo hacía en Andorra en una zona que es como si lo hiciera de noche por el río de Valencia, cosa que no es terrorífica ni mucho menos, pero esta vez ha sido por el medio de un bosque, con la sola presencia, o eso creo, de mi respiración, mis pisadas y mi foco en la frente para intuir, que nunca saber, dónde piso en plena senda.


La primera parte, mientras aún se ponía el sol, ha estado marcada incluso por alguna presencia humana que, la verdad, tomaba las de Villadiego dirección a los coches y abandonando la montaña en su soledad nocturna. Así pues, poco a poco por aquel camino me he ido quedando solo, hasta que ya ha sido demasiado tarde envuelto en una oscuridad que, bien mirado, me helaba la sangre. Como tenía que hacer minutos de rodaje, he seguido la ruta en recto, dirección a Coll Jovell, y entonces primero me he metido en un túnel de roca, estrecho y bajo, de donde me ha salido un murciélago atraído, supongo, por la luz del frontal, que se ha llevado un grito mío de loca desesperada que aún retumba en aquellas paredes. Mis pulsaciones, en ese instante, han pasado de 135 a 150, y las he mantenido con el susto en el cuerpo hasta el final del camino, donde un merendero, la sombra de una tienda de campaña que hace tiempo vi y hoy no estaba pero yo me imaginaba, y una meada de puro nervio han hecho concebir un camino de vuelta urgente.

Entonces he empezado a ver las típicas sombras que no son nada más que figuras ancianas en mi mente. Entre árboles veía cosas, y si me paraba oía sonidos extraños. Es todo en su conjunto la magia de los bosques, pero a mi cabeza llegan otras señales, como animales feroces, asesinos sedientos de sangre y gente dispuesta a darme un susto de tres pares de narices.


Intentaba concentrarme en mi trote, levanta las rodillas, evita tropezar, así, recto, cabeza erguida, paso firme y fino, por favor, pero mi cabeza de chorlito volvía a la jugada, viendo guadañas y jabalís donde seguramente había una paz descomunal. Al final, al llegar al coche, intentando recuperar el ritmo y bajar pulsaciones para acabar la sesión, he visto algunos destellos entre unos árboles. Con el coche al lado, me he acercado a él por si tenía que subirme raudo y poner quinta cuesta abajo saltándome la burocracia de la primera, la segunda, la tercera y la quarta marcha.

Y de repente, voces. Ya tenía yo un canguelo de aquí te espero cuando un buenas noches sencillo, de hecho cansado, me ha devuelto al mundo de la verdad. Perdona, ¿pero sabes por dónde se va al Llac d'Engolasters? Tres focos me alumbraban y el mío en batalla contra ellos, enfrentados, parecía de broma. Pues todo recto, compañeros. ¿De dónde venís? De todo el día, balbuceaba la chica, los tres mochila inmensa a la espalda. ¿Y una fuente hay? Aquí al lado. Y entonces a los tres mendas les he indicado el camino, les he dicho que bueno, si quieren acampar, cerca del lago tendrán algo plano donde instalar la tienda, y nos hemos despedido.


Entonces me he quedado pensando qué haría yo en la situación de ellos, acampado en la soledad de entre los árboles, con el runrún del agua a tu alrededor confundido, quien sabe, con el runrún de una motosierra cortacráneos en manos de un desaprensivo. Imposible. No podría. Me pasaría la noche mirando el techo de la tienda, deseando estar fuera pero sin embargo dentro, porque más allá de esas telas solo vería ojos que no ven entre los troncos, rojas las pupilas, y sin embargo dentro de ellas me los imaginaría escrutadores del enemigo, sedientos de mal.

Y lo veo claro: no tengo escapatoria. Mucho tendría que avanzar mi neurosis para conseguir pasar una noche entre aquel silencio. Llamadme miedica, que tampoco me sienta tan mal.



19 agosto 2012

De aquí al infierno

Después de unos cuantos análisis de situación, el final del verano y el principio del otoño quedan como sigue:


9 de septiembre: Triatlón olímpico de Valencia (1.500x40x10)

 

29 de septiembre: L'Etape Barcelona-Andorra, 224km, emulando la etapa del Tour de 2009. http://www.letapebcn-and.com/  


7 octubre: Campeonato de España de ciclismo en ruta para Periodistas. Huesca. 50km.


CAMPEONATO DE ESPAÑA DE CICLISMO PARA PERIODISTAS por ciclismociclistas

21 de octubre: Medio Maratón de Valencia. 21km.

16 agosto 2012

Maneras de vivir

De vez en cuando, la gente de mi alrededor me acusa de huir de las responsabilidades de la vida. Mi respuesta, sincera, es que sí, que huyo de ellas. Cada uno tiene su manera de ver la vida, y la mía es la de ser feliz mientras pueda, haciendo lo que quiero y huyendo, por supuesto, de cualquier cosa que sea un dolor de cabeza. Siempre, claro, en la medida de las posibilidades.

Puedo explicar cuál es mi sentido de la vida, pero no puedo aspirar a que la gente lo entienda. Hay gente que decide dedicar su vida a la religión, los hay que viven por y para tener y criar niños, los hay que no ven más allá de su trabajo, los que viven en un pueblo muy pequeño sin ninguna salida al exterior, y los que viven en uno un poco más grande, como los hay que no son personas si los sacan de su inmensa ciudad, o los que aceptan la sociedad cerrada que se crean, y los hay que piensan que lo mejor es separarse del mundo y refugiarse en la soledad.

Creo que soy un privilegiado, pero también es eso lo que siempre he buscado con mucho esfuerzo. He querido tener un trabajo y estrujar el tiempo libre con el disfrute de todo lo demás que me pueda gustar. No he elegido tener ciertas responsabilidades, porque no las quiero. Es así de simple. Al que no le gusta mi manera de vivir o de pensar, no tiene ni por qué esforzarse, puede seguir pensando que soy un vivalavida o que paso de todo, pero insisto en la idea de que vida no hay más que una, y si alguien se la quiere llenar de marrones, está en su derecho, pero no es mi caso.

Un día me metí en un piso que, afortunadamente y de momento, no me cuesta pagar, pero del cual me desharía sin pensármelo dos veces solo por el hecho de no tener la responsabilidad de tenerlo a mi cargo. Es un ejemplo de las responsabilidades que he decidido que no quiero tener.

De entre esta manera de ver las cosas, sale quien tilda el tema de falta de madurez y dejadez, y como en mis manos no está hacerles cambiar de opinión, pues ahí queda. Donde unos ven dejadez, yo veo una vía que no quiero coger, y lo que unos ven falta de madurez, veo simplemente una mentalidad de disfrute continuo, de cada día, y si puede ser, de cada hora. Que, al morir, pueda decir que fui feliz.

Mis responsabilidades de hoy en día son tener un trabajo y sobre todo mantenerlo, y a partir de ahí, crear alrededor una estructura de vida en la que, efectivamente, la felicidad sea el centro del universo: con las menores responsabilidades posibles. ¿Cuál es el problema?

Me gusta el mar, la montaña, el deporte, mi mujer y mi ambiente. Esa es mi vida y mi sueño. No hay mucho más. Qué triste y qué pobre, se podría decir, pero tanto como quien decide dedicar su vida a dios, a criar cinco hijos, mantener dos coches a su cargo, mil gastos pendientes, seguros de todo tipo que pagar y un piso inalcanzable. El concepto de irresponsabilidad es muy relativo.

07 agosto 2012

Te propongo disfrutar de la noche


Te invito a pasear en bici por la noche por Valencia. De verdad, pruébalo. Cenas, y luego en vez de irte al sofá a ver la tele con el calor que inunda tu casa, sacas esos hierros que tienes por ahí y sin ánimo de nada más que relajarte, pedaleas sin rumbo fijo, a 10 por hora, a 12, sin esfuerzo. Hazme caso, que a esas horas es tu bici tan feliz que ella misma te guía.

Te puedo poner un ejemplo rutero sencillo, no demasiado largo y extremadamente relajante. Puedes conectar por cualquier zona con el río, ya vengas del norte o del sur, del este o del oeste. Te unes al viejo cauce y sigues por arriba (puedes ir por abajo, claro, pero se trata de aprovechar por donde el tráfico da una tregua a esas horas), y entonces buscas el centro por la vía que quieras.



Te propongo que te metas por la plaza de Tetuán, pero también puedes ir por la calle Sorní, o por el carril de Navarro Reverter. En cualquier caso, llegas a la Glorieta, la observas y la mimas con los ojos (si es lo bastante tarde, por ejemplo pasadas la una de la madrugada, tal vez incluso puedas comprar la prensa del día siguiente, recién salida del horno, al jefe de la furgo que allí se instala), piensas en aquellos árboles centenarios de troncos enraizados, y subes por la calle la Paz con la brisa que te da en la cara.

Te oyes a ti mismo, con ritmo suelto, a tu bici y la cadena suave, acompasada, zis zas, zis zas, dejando caer el cuello, relajando la columna vertebral y sintiendo el leve traqueteao del asfalto. La cabeza suelta, mirando a los lados, hacia arriba, las casas modernistas, las fincas preciosas como joyas, y llegas a la plaza Redonda y la volteas, despacio, silenciando el ambiente.



Te absorbes todo aquello y si te ha gustado, bajas de nuevo por la calle del Mar para remontar una vez más por la Paz, y repetir. Recuerda que se trata de gozar, y entonces lo haces, y cuando llegas al final buscas la plaza de la Virgen, y en aquel suelo brillante te dejas llevar hasta el palacio de la Generalitat y el corazón del barrio del Carmen.

Te ruego que te sientes un rato en la misma plaza, si es posible alejado de la fuente para escuchar mejor el ambiente. Observa a los skaters que hacen sus filigranas ahora que la ley, a esas horas, hace la vista gorda; sigue con la mirada a las hordas de turistas que van al acecho del triunfe nocturno; y cuando hayas cogido aire, decide sin más culebrear por el Carmen.



Te pido que te pierdas y lo hagas con calma, mirando portales, fachadas y refugios de parejas ardientes. Mira hacia arriba y deleita tus ojos con algunas balconadas, fincas de piedra vieja anaranjadas por la luz de las farolas. Siente el fresco de la noche e intuye los ecos lejanos de algún grupo de amigos que sale a tomar algo, persigue un poco sin querer a alguna pareja y mira cómo disfrutan de la noche agarrados de la cintura pensando en si seguir en ese momento de placer o dar el siguiente paso.

Te dejas ir y te abandonas, y cuando se te haya ido el santo al cielo, busca la salida por detrás de las torres de Quart. Entonces enfila hacia el Botánico, sigue recto y cruza Fernando el Católico, sigues dirección Mislata y llega si quieres, y si no te aporta nada, gira de vuelta dirección al mar, paralelo al río por la Pechina, en camino recto hacia el IVAM, las torres de Serrano y, si te apetece, antes puedes saludar a la pequeña Na Jordana.



Te quedas en las torres de Serrano unos minutos, te asomas al foso y miras las dos moles allá arriba, y si tienes suerte acompañas todo eso con la guitarra de alguien que, a esas horas, encuentra una acústica especial bajo el arco de entrada. Puedes incluso sentarte en uno de los bancos y escucharlo envolviéndote en el ambiente.

Te vuelves hacia casa escogiendo el camino, por calles que conozcas y, por qué no, por las que no suelas pasar, y te pones en manos de tus piernas relajadas, sintiendo el viento fresco que te ha acompañado durante este agradable paseo. Entonces alcanzas tu portal y bajas de la bici.

Te puedes ir a la cama sabiendo, efectivamente, que dormirás una hora menos, pero tengas trabajo o no al día siguiente, seguro que te levantas de otra manera. Eh, y si no te apatece hacerlo solo, llámame o escríbeme un correo, sin miedo (dameunrelevo@yahoo.es), que yo te acompaño. Te diré que sí seguro. Siempre podemos cerrarlo con una cerveza o un helado en una terraza.

¿Te apuntas? Venga, podemos quedar ya, si te apetece, las noches del martes 7 y miércoles 8 de agosto, los dos días. Estaré a las 23.00 horas en la isleta del medio de la entrada a la Alameda desde la avenida de Aragón, al lado de la fuente. Yo te espero. Y si somos más de uno, tanto mejor para la conversación.