31 octubre 2010

Malentendidos con Rafa Mora

Le falla el paquete.

Me llamo como mi padre, y aunque sea mala suerte, los dos también como un tipo que sale por la tele y que debe de ser de los que crean chascarrillos de tres al cuarto megainteresantes de la muerte con frases del tipo "Estoy acostumbrado a que toda la vida me vengan todas las tías detrás", o "Me está pesando un poquito este físico, la verdad, y por un minuto me gustaría ser feo, en serio". No voy a entrar en el análisis del tema profundísimo de su discurso, el cual no me interesa, sino en la anécdota que nos surge por llamarnos Rafa Mora.

Mis padres llegan al aeropuerto de Valencia después de unas vacaciones en Roma, felices, encantados de la vida. Han pasado unos días de ensueño entre tanta piedra vieja y tanta historia y tanto arte. Llego a Valencia hoy y me cuentan el periplo, lo que han visto, dónde han ido, el Circo, Marco Aurelio, Trajano, la Fontana de Trevi, el Vaticano y sus excesos... de todo un poco. De repente, surge la anécdota, la salsa de la vida. Ellos sonríen acelerados, "espera, espera", buscan las maletas y yo no doy crédito: "Capullín", "Marica ciclao". Y entonces me parto de risa.

"Marica ciclao". ¡Grande!

Querido empleado del aeropuerto de Manises: Es una pena que se te ocurra garabatear un par de maletas porque en ellas se identifique Rafa Mora como manda la normativa aeroportuaria para cada pasajero que facture, y tú, hecho un visionario, deduzcas a la ligera que serán de tu ídolo de masas. Sin embargo, y pese al desaguisado en los exteriores del equipaje, hemos de agradecerte que nos permitas tener estos momentos de gran divertimento. La queja a la empresa de turno encargada de la manipulación de la carga del avión está formulada, y no creo que te den un toque ni sepan quién eres, pero que sepas que, como gracia, está bien, en verdad. A partir de ahora, en caso de hacer un viaje vía aérea, facturará quien nos acompañe, aunque, siceramente, espero el momento en que sea Buster, nuestro perro, quien ponga el nombre. Tal vez se te ocurra una gracia y escribas: "Maquinista de la general cara sapo", o "Mudito". Sería estupendo. Un abrazo enorme de Rafa Mora, hijo de Rafa Mora, el afectado y ultrajado.

A la izquierda, Capullín.

Huelga decir que, de un tiempo a esta parte, padre e hijo hemos vivido alguna anécdota con el mentado Rafa Mora "capullín" y "marica ciclao" de por medio, además por ser los dos valencianos como él, pero esta es, sin ninguna duda, la mejor. Puestos a darle al bombo, aprovecho para añadir la web de otro Rafa Mora, compositor y poeta (http://www.rafamora.net/), que tampoco nada tiene que ver con nosotros, ni supongo que con el televisivo y deshidratado: "Mi récord sexual son 10 polvos en una noche", ha dicho alguna vez. No le quedará ni sudor, al tipo.

29 octubre 2010

Silencios

Hay lugares en el mundo en el que el silencio es la vida. Hay otros en que los silencios se rompen porque huele a muerte. Lo que pasa es que, en este mundo, los bípedos tenemos las de ganar -aparentemente-, y dentro de nuestros silencios entran unos chuletones de mucho cuidado. Pobres bestias renegonas.

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A la izquierda, la calle principal de Rupià; a la derecha, camino de La Sala, las dos localidades en el Baix Empordà (Girona).

28 octubre 2010

Córtate el pelo en Andorra


Mi peluquería es siempre la primera que pillo. Desde que estoy en Andorra he ido a varias, aunque me fidelicé a una porque me hacía un interesante masaje en la cabeza al lavarme el pelo, lo cual me mantenía al borde del enamoramiento ante aquella dulzura manual.

Sin embargo, hoy, si no quería llegar tarde a la redacción, tenía que cambiar. De camino al trabajo vi una con dos peluqueras, pero ocupadas, y un poco más allá me encontré con otra, con solo una peluquera y un cliente en plena faena. Pregunté si me podrían coger: "Sí, claro, en seguida". Ante tal celeridad, me quedé. Mientras me quitaba la cazadora, salió del almacén una señorona de metro ochenta con cara de pocos amigos y tijeras en mano. Aquella mujerona no se había hecho las cejas en su vida, llevaba un flequillo de décadas anteriores y tenía el cutis un poco más suave que el de Lee Van Cleef en "El Bueno, el feo y el malo", aunque, todo hay que decirlo, sin barba a la vista. Se apoyó en la pila y me miró como diciendo, "¿te vas a sentar o qué?", y allá que fui como un corderito acojonado. Me mojó la cabeza -me atreví a decirle que tenía el pelo recién lavado, y que no hacía falta otra vez- y me secó apenas.



Tan leve fue el pase de toalla que empecé a notar el agua cómo resbalaba hacia mis orejas, luego por el cuello, hasta que una gotita entró en el canal de la columna vertebral y se fue directo al cóccix. Me vino un escalofrío, mientras disimuladamente intentaba secarme con la toalla que llevaba en los hombros. Me indicó dónde sentarme con un gesto seco, me preguntó cómo hacer el corte y le dije, con miedo, "corto, por favor". "¿Con máquina?", añadió. Sí, claro, pero no con cortacésped, pensé. Aquella empezó su trabajo con destreza, su mano se calzó en mi cabeza y empezó a hacer movimientos bruscos que mi cuello a duras penas soportaba. Mientras, el agua que aún quedaba en mi cabeza seguía su camino natural hacia abajo y la toalla ya no chupaba más. Aquello era una cascada. Los ojos se me empezaron a nublar por la mezcolanza de agua y pelos que caía, mi cabeza daba vueltas en manos de aquel especímen sin piedad, y entonces al dejar la máquina de rasurar apareció con unas enormes tijeras de podar para la parte de arriba. Allá empezó la escabechina. El agua fluía y ella cortando setos. Mi cabeza sufría las embestidas y yo sonreía con dificultad, intentando mantener el tipo, pero más tarde mis lagrimones se mezclaron con las gotazas y chorretones de la ducha previa.



Se me mojaron los pies. Pensé en convertirme en sapo para adaptarme al medio y, de paso, quedarme sin pelo y vivir tranquilo en aquel estanque, pero mis trajes de Mortadelo no venían conmigo, así es que intenté revolverme. Sin embargo, aquel mastodonte con ceja me tenía bien sujeto, y entre el charco, los pelos y la sangre que me empezaba a salir de la zona parietal, aquello era una carnicería sin permiso del Ministerio de Salud.

"Listo", dijo al fin. Lanzó las tijeras al suelo con gran estruendo, sacó un espejo modernista de metro y medio por sesenta que sujetaba con salero para mostrarme mi cogote, y yo, sin gafas ni ganas de ponérmelas, le dije por la vía rápida que ideal de la muerte. "¿Cuánto és?", añadí después de dar un brinco. "9,75", saqué un billete de diez euros, lo solté sobre la mesa y me fui a por mi chaqueta con síntomas de Parkinson en las manos. Al enfilar la puerta de salida con dos dedos aguantando la herida en la cabeza que sangraba, la jefa me soltó el cambio: 20 céntimos (¿?). Como no ando muy fino en matemáticas y tenía el cuerpo arrugado ante tanta humedad, salí a la calle sin pensar, hice las cuentas que no me cuadraban y me fui al trabajo. En el espejo del ascensor vi la escabechina y mi rostro moteado de pelos. Lo mejor eran las patillas: una fina y larga, la otra gorda y corta. Pero estaba vivo, tumbado en una camilla, enganchado a una máquina, con la cabeza vendada y un secador a mi lado dándolo todo.

"No aprenderás", me dijo la Pepa al verme.

27 octubre 2010

Los chicos del maíz en el Baix Empordà

Abajo, Torroella de Montgrí; arriba, el castillo que no se dejó conquistar por nuestras bicis. No hay camino que lo una al mundo excepto sendas estrechas y empinadas.


En la comarca del Baix Empordà (Cataluña), remontando el río Ter que viene fresco y limpio desde su nacimiento en Ulldeter (Vallter 2000), a la salida de Torroella de Montgrí, se pasea tranquilamente con la bici y buena compañía. Por aquellas planicies en falsa subida, atravesamos campos de frutas, manzanos principalmente, pero también maizales.


Llegada al mediodía a Torroella de Montgrí gracias a nuestro guía, el río Daró.

Puente de los siglos XVI y XVII sobre el río Daró, hasta hace pocos años la única vía de comunicación de Gualta (300 habitantes) con su entorno. Es monumento nacional desde 1987.

El agua fluye sin cesar y en cantidad, y la observamos.

La pista pasa en perpendicular a los trazos abiertos entre frutales, y allá Paco y yo imaginamos monstruos e historias tenebrosas, asesinos con hoz en mano. El maíz. Es el recuerdo de la película (y el libro de Stephen King) "Los chicos del maíz", de la que, afortunadamente para mis pesadillas, apenas recuerdo algo, excepto el miedo. Allá paramos y miramos aquel oscuro pasillo, el otro, y el otro, y sentimos el silencio y el viento que agita la paz del campo. Un escalofrío se nos mete en el cuerpo, pero el hechizo se acaba con unas risas nerviosas. Es el maíz.


Miras al fondo y... ¿cómo puede uno sentir nada por algo que ha creado la literatura?

Paquito se acerca al lugar de las fantasías.

Seguimos el camino y cruzamos el Ter por el puente de carretera, dejando a la derecha Verges, para alcanzar otros destinos: Ultramort es nuestra siguiente parada. Parece una broma, pero no lo es. Tan solo unos 200 habitantes. Cruzamos y seguimos a Rupià, Corçà, Monells y Cruïlles, todo siguiendo las indicaciones de la ruta cicloturista, la qual, aunque a veces confusa, nos acaba dejando en nuestro punto de partida y final: la Bisbal d'Empordà.


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Cruce del río Ter por la carretera que une Verges con Ultramort (C-252).






25 octubre 2010

Tradición blanca

Estaba tardando, pero como viene siendo tradición en este blog, aquí va la primera nevada del año: 25 de octubre. En Andorra la Vella es aguanieve, pero en Encamp, la Massana, Ordino y más arriba, es una nevada importante, tanto como para coger el autobús para ir a trabajar. Y lo de siempre: hasta mayo.

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23 octubre 2010

Prohibido legendario

Santa Pau es un minúsculo pueblo de la Garrotxa, en la provincia de Girona. Es de estructuras y edificios medievales. Hace unos años lo visitamos la Pepa y yo, y el lunes pasado, pensando que no lo habíamos visto nunca, volvimos allí, ya que andábamos por la zona. Al aparcar, salir del coche y encontrarnos con estas señales, nos dimos cuenta de que, efectivamente, ya habíamos estado. ¡Cómo pudimos olvidar tan legendarias prohibiciones! Sonreímos pues con ellas, volvimos al coche y nos fuimos a pasear cerca del volcán del Croscat y por la Fageda, en pleno atardecer, con la cara del gato de la señal por culpa del frío.



16 octubre 2010

De Steven Spielberg a Steven Seagal

Todo europeo de medio pelo ha visto alguna película de Steven Spielberg. Son archiconocidas Tiburón, ET, Encuentros en la Tercera Fase, Los Goonies, su saga de Indiana Jones y todas estas pelis que cuando éramos pequeños, y no tanto, nos apasionaron. El que no las conozca, que haga dos cosas: 1, autoinfligirse una sarta de bofetadas por alelado; y 2, analizar qué ha hecho con su vida. Este hombre lleva desde los años 70 dando guerra, pero de todas sus películas, una de las que mayor impacto me produjo fue El Diablo sobre Ruedas (1971). En realidad, esta cinta estaba destinada a la televisión (lo que se conoce como telefilm: algo barato para entretener, sin más), y es la primera que hizo Spielberg. Para ser el debut de un director, es impresionante.

El camión malo malote, un mito. ¿Acojona o qué?

El Diablo sobre Ruedas es un peliculón que te mantiene en tensión durante la hora y cuarto que dura, y cuenta la historia de un hombre que en viaje de negocios por una carretera del desierto americano, conduce su utilitario tranquilamente hasta que un camión cisterna que da un miedo que te cagas, le hace la vida imposible hasta el punto de querer matarlo. Nunca se ve al conductor del malo de la película (el malo no es el conductor del camión, sino el camión en sí). El cisterna, marrón, oxidado, robusto y fuerte, juega con el cochecillo a su antojo, hasta que en un final memorable, embiste al pequeño vehículo con el conductor a salvo en el último instante, pero al borde de un precipicio. El plano del camión chirriando, cayendo ralentizado por el barranco y destrozándose, es la de un león que ruge en sus últimos momentos antes de morir de dolor.

Salto al vacío del camión (o aquello del morir matando).

La cuestión de esta entrada es que, para mi sorpresa, anoche hacía zapping por la cantidad de basura televisiva que se puede ver hoy en día, y después de apretar el mando con asco y a toda velocidad para no ver al bicho ese llamado Belén Esteban en un primer plano vomitivo de su geto, me encontré con una escena de acción de uno de los 'mitos' del cine (apreciese el entrecomillado): Steven Seagal en En Tierra Peligrosa 2. Con Steven (para poner en situación a los afortunados despistados, uno de esos matones del tipo Van Damme o Stallone), la película es de esas que has de ver con tus amigos, pizzas y unas cervezas después del fútbol, para reírte a gusto de las sandeces, bravuconadas y machotadas del menda. Una peli para un público del perfil del americano base, republicano y con un arsenal en su casa, por si vienen los malos.

Él acaba de dejar algo echo añicos, pero no se despeina.

El caso es que dicha escena de acción pintaba a nuestro amigo Steven al volante de una desvencijada camioneta típica del sur de Estados Unidos, y detrás de él, un camión de morro largo al más puro estilo yanki. Los planos a pie de suelo, la cámara subjetiva en el camión, la persecución en sí, me recordó a la película de Spielberg, y entonces mantuve la emisión. Seagal se adornó con maniobras de intrépido, y el camión con golpes que dicha camioneta nunca aguantaría, y hasta el tema tuvo un intento del morlaco de aplastar a nuestro amigo Steven y su viejo vehículo contra la ladera de la misma montaña. En esas, una piedra cayó del cielo y cristalizó la luna delantera del héroe, y este, memorable, soltó una patada a la luna (con el pie derecho: el del acelerador, ¡ojo!) para expulsarla y poder tener visibilidad. Las cabriolas de la pick-up eran de escándalo, pero Steven seguía sin despeinarse. El crack. En esas, se mete en un terreno de tierra, los planos se abren mientras se ve el rodar de sus ruedas a toda prisa, y se intuye que es una pista sin salida. Allí, el mago del volante frena la camioneta, y entonces el camión embiste a sus anchas, con Seagal haciendo un pase de torero y el camión volando y chirriando por el acantilado, en una imitación de la mítica escena de Spielberg. Y ovación y aplausos por la jugada. En la siguiente escena, Seagal se va a misa, chaqueta de cuero abotonada, pelo tieso como la piedra y entrando en la iglesia moviendo el cuello de izquierda a derecha para colocar las cervicales, y entonces suelta un discurso al hilo del argumento de la peli, el cual desconozco sin pesar. Qué grande es el cine.

Steven Seagal, la camioneta, su chaqueta, su pelo engominado y su porte de duro duro.

13 octubre 2010

El partido Armenia-Andorra


Ilde Lima, a punto de lanzar una falta, en una de las pocas ocasiones de Andorra.

Ya se ha acabado el partido. 4-0 para Armenia. En el minuto 3 nos quedamos sin ilusión con el 1-0. A partir de ahí, sufrimiento personal por un equipo que me gusta verlo evolucionar. Va poco a poco, pero va. Son unos cuantos futbolistas con su vida paralela a este deporte, con el que no se ganan la vida. Son administrativos, repartidores de mensajería, funcionarios, policías o trabajan en una empresa de seguros. Y futbolistas a tiempo parcial.

En la gradería de prensa, con cara de "que esto se acabe ya".

Ayer perdieron contra Armenia en el Estadio de la República, que era una auténtica fiesta. La afición armenia y sus narices (un día aclararé esto) vivieron cada minuto como la gloria. Son una selección menor que, en los últimos partidos, está ilusionando a su país, porque hacen buen fútbol y porque el otro día ganaron a Eslovaquia (jugó el pasado Mundial de Sudáfrica) y a Andorra, lo cual no es para tanto si se mira bien mirado.

Andorra, los titulares y los suplentes, escuchando El Gran Carlemany.

El caso es que ayer pasaron por encima de Andorra. En el descanso ya iban 3-0, y la verdad es que a uno se le queda cara de tonto porque cuando llegas al estadio crees que puede ser un gran día, cuando suenan los himnos y ves el ambiente te emocionas y supones la sorpresa, e incluso te imaginas un gol con el que poder saltar del asiento. Tal vez con eso sea suficiente. Pero ayer no fue ese día.


Antes de entrar al estadio de la República de Armenia; por fuera parece una plaza de toros.

Sin embargo, pienso que el fútbol es como el ciclismo (¿esto lo he escrito yo?). Es decir: el esfuerzo siempre trae sus frutos. A lo mejor el premio es simplemente ir a cola de grupo sufriendo, pero aguantando los tirones. Pero ya es un premio si vienes de más abajo.

Salud. Y kilómetros.

12 octubre 2010

Otros trozos de Armenia

Estos dos videos son desde dentro de la catedral de San Gregorio el Iluminador, un edificio construido en el 2001 con el dinero de la diáspora armenia, es decir de todos aquellos armenios que un día tuvieron que dejar el país. En el mundo hay 11 millones de armenios, de los cuales solo 3 viven en el país. El resto está repartido entre Europa y América.


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Los siguientes videos son de la misma Catedral desde fuera, con los contrastes del país. El centro de culto -muy congregado, por cierto, y con mucha gente joven, tanto hombres como mujeres- en un montículo poco cuidado, lleno de hierbajos a un lado y chabolas al otro, con la estación central del metro al final de la escalinata, y con el mismo centro de la capital, con las sedes de algunos ministerios incluidas, a escasos 200 metros de ahí. De eso va el otro video, de la plaza gigantesca en la que en la época soviética, justo en el centro, se alzaba una estatua en honor a Lenin.

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11 octubre 2010

Unos pedacitos de Erevan (Armenia)

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Los videos explican:

El primero, el intenso tráfico con sus vehículos Lada y sus minibuses o furgonetas para la movilidad interurbana, en una de las grandes avenidas alejadas del centro de la ciudad.

El segundo, la monumental plaza donde se encuentra el Monumento de la Madre Patria. Esta edificación es totalmente soviética, y se abalanza sobre el centro de la ciudad gracias a una gigantesca e inacabada escalinata ajardinada que va a dar directamenta al centro neurálgico de la urbe. Monumentalidad de ex-república socialista soviética que ya conocemos.

El tercero, es de nuevo de tráfico, pero esta vez en una calle céntrica. Para mí los vehículos de un país hablan de su economía.

El cuarto, el Estadio de la República, donde mañana se juega el Armenia-Andorra. Hoy estaba vacío en el entrenamiento andorrano, pero mañana puede que se llenen las apenas 20.000 localidades que tiene. Por fuera merece una foto porque parece una plaza de toros, con arcos y columnas incluidas, pero ayer no le pude hacer una foto, y no sé si podré hacerlo mañana, porque será de noche.

Viena, camino a Armenia

Estoy en Ereván, capital de Armenia, también conocida como Yereván. Si alguien me soluciona esta duda sobre el nombre, se lo agradeceré. Estoy con la selección nacional de fútbol de Andorra, que el martes juega el cuarto partido de clasificación para la Eurocopa 2012. Hemos volado desde Barcelona hasta Viena, donde hemos podido visitar un poco el centro en unas cuatro horitas que hemos tenido. Ya había estado en Viena, pero en 1988, con apenas diez años y poco recordaba, aunque en cuanto he entrado en la plaza de la catedral me he dicho: "Aquí ya he estado". Es una de esas sensaciones que me gusta tener.

La Ópera de Viena, en la plaza de Karajan. En el avión sonaba el Danubio Azul...

Después del paso fugaz por Viena, un nuevo avión nos ha traído a Armenia, desde donde escribo estas líneas a las siete de la mañana (aquí son tres horas más que allí). Mañana visitaré Ereván (o Yereván), e intentaré, si el trabajo me deja tiempo, colgar alguna foto aquí. De momento las que os dejo son de esta tarde en Viena. El mundo es muy grande, pero al mismo tiempo muy pequeño.

En la plaza de la Stephandom, catedral de Viena, ayer por la tarde.
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Misa de ayer en la catedral vienesa.

04 octubre 2010

El incendio de la Vall d'Albaida

Hasta la semana pasada no había tenido tiempo para verlo en directo. Después de 16 años, de nuevo hay que volver a empezar. Me acerqué a algunas de las zonas incendiadas en la Vall d'Albaida, por Ontinyent, por Bocairent, por Agullent, pero sin duda fue el camino hacia este último pueblo el que más me impresionó. Allí decidí que había que mostrar un trozo de lo que queda al lado de su ermita, de cómo queda, y de lo que no queda. Es rabia e impotencia lo que se siente, pero al menos sensibilicemos. Un energúmeno de hoy puede que mañana se lo piense si se trabaja al respecto.

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