Reflexiones, viajes, visitas a todo tipo de lugares y, en sí, batallitas varias de un amante del deporte y de todo el mundo que desea disfrutar de lo que nos da la Tierra.
Es un joven de 60 años y medio con unas ganas locas de seguir disfrutando. No tiene vergüenza ni la conoce. Tanto se divierte contando anécdotas de cuando éramos pequeños como se viste de Clint Eastwood en "El bueno, el feo y el malo", se desnuda para un calendario erótico, corta el césped, el seto, recoge las olivas, las almendras, las hace al horno, cocina una paella de escándalo mayúsculo, lee, estudia, trabaja, adora a su Petri (maaaaaaama) y a Buster, viaja, va en bici, se va a la montaña, echa la cabezadita de después del café y... toca el violín.
De momento, no lo hace bien, y eso lo sabe tanto como sabe que no ha de importarle, porque en los inicios nadie habla a la perfección sino balbucea, y nadie pinta sino colorea. Está en esos momentos en los que se adapta a un instrumento con el que ha soñado mucho pero no ha tenido nunca contacto. Hasta hace un par de años. No perdona su horita de violín vespertina, y todo lo hace por ilusión. Cuando voy a Valencia, me encanta dedicar unos minutos a escuchar cómo toca, sentado a su lado viéndole sonreír y diciéndome, "escucha, escucha". Y sé que él se siente feliz así.
Para mí es un ejemplo a seguir. No en vano, es mi padre. Eso sí, en casa de herrero, cuchillo de palo. Esto siempre ha sido así.
En Marrakech es la hora de la oración. Estamos en la azotea del hotel en el que nos alojamos el pasado mes de junio, viendo las vistas de la ciudad al atardecer, justo al lado de la peculiar plaza Djema-el-Fna donde mercaderes, actores, encantadores de serpientes, vendedores de 'hasch' y demás conviven con su día a día y el turismo. Desde el minarete de la mezquita Kutubia se llama a los fieles. Un altavoz lleva el sonido a toda la ciudad, y el orador se esfuerza. De repente, la prueba de que no está grabado.
Voy a dar aquí algunas referencias para los que, como Paquito y yo los días antes, no teníamos ni la menor idea de cómo hacer la ruta de la Vía Verde de Ojos Negros.
La salida oficial de la Vía Verde está a unos 60 km al noroeste de Teruel, en Santa Eulalia. Nosotros fuimos a Teruel para salir desde allí por la comodidad del tren, que llega a la ciudad.
Tema tren: Desde Valencia sólo se puede coger el que sale a las 18:47, que llega sobre las 22:00 a Teruel. Y digo sólo porque es el único tren en el que se pueden llevar bicis.
Si se siguen estas indicaciones, es muy fácil. No gano nada haciendo publicidad de ningún hotel, pero como nos atendieron tan bien y las condiciones fueron tan buenas, pues contaré lo que hicimos: Reservamos por teléfono en el Hostal Serruchi (C/Ollerías del Calvario, 4; teléfono 978 610 681, o hostalserruchi.com), que no tenía mala pinta. Llegamos al hotel sobre las 22.30 y todo fueron facilidades. ¿Las bicis? Fuimos al Bar Serruchi, calle arriba, según nos indicó la chica de recepción del Hostal, y las dejamos en un garaje privado de los dueños del bar, y del hostal. Todo muy de andar por casa, cosa que se agradece.
Dormimos los dos por 45 euros. Por la mañana nos vestimos, fuimos al bar, nos tomamos un café y el camarero, un familiar del de la noche anterior, nos abrió el garaje, sacamos las bicis y nos indicó cómo coger la ruta. Con gente tan llana da gusto.
La ruta, por orden y si no me equivoco, pasa, desde Teruel, por Valdecebro, Puerto Escandón, Puebla de Valverde, Sarrión –aquí comimos, en una callejuela a la izquierda de la plaza de la iglesia, muy bien por cierto-, Albentosa, Barracas, Caudiel, Jérica –aquí llevábamos desde Teruel 105 km, y dormimos en un hostal muy ‘señor’ pero también por unos 40 euros los dos juntos, con desayuno serio por la mañana. No recuerdo el nombre, ¡mecachis!-, Navajas, Altura, Segorbe –nos acercamos a la Cartuja de Vall de Crist-, y cerca de Soneja y Sot de Ferrer, a Algímia de Alfara y Torres-Torres, final del trayecto de la Vïa Verde, y desde donde fuimos por carretera por Gilet, Estivella, y camino de Llíria hasta Puçol, donde cogimos el carril rojo de la Vía Augusta hasta Valencia, pasando al lado de El Puig, y por la Pobla de Farnals, Rafelbunyol, Massalfassar, Albuixec, Meliana, Alboraia y entrada por el mismo carril al Mestalleta, donde nos despedimos después de tres días, dos de ellos de bici y todos de disfrute. Espero haber servido de ayuda.
Para ver los videos hay que dejar que se carguen un poco, sobre todo el de arriba. El de abajo es muy chungo, ya que lo he locutado y ha quedado fatal, pero bueno, como me ha costado lo mío, lo dejo porque aporta algo de información sobre la Vía Verde de Ojos Negros.
En estos días de mangoneo y poca vergüenza, mientras en Valencia se hacen manifestaciones contra la corrupción y el pueblo habla y los políticos callan, la indignación sube mientras los millones perdidos quién sabe dónde hacen buenos los proyectos, ilegales, zafios e irresponsables de corruptos y corruptelas bien encaminadas a llenar bolsillos sucios, en estos días, digo, mejor un poco de al mal tiempo buena cara. Exiliaos todos, que al menos la distancia limpia.
Se habla de confiar en los políticos. ¿Quién confía? ¿Quién puede confiar? Todos tenemos o hemos tenido o conocemos a alguien cercano, familiar o no, ligado a la política. ¿Y nos fiamos de ellos? Yo hace tiempo que no voto por ser inmigrante y por no tener ninguna facilidad para ejercer el derecho, pero no niego que me da lo mismo, porque es todo tan asqueroso y vomitivo, que prefiero ni entrar en el juego ¿democrático?
Hay políticos con vocación, dicen. ¿Servicio a la comunidad? Los políticos son unos artistas en el no decir nada y hablar mucho, pues todo eso que dicen del bien del ciudadano, del servicio a la comunidad y gaitas varias, ya veis, como para creerse la pamplina.
En el pasado viaje a Ucrania con la selección de fútbol de Andorra, algunos tuvimos la suerte de estar justo en una de las ventanillas del avión en su parte izquierda. Mirando sin mirar por aquel ojo de buey, se veían las nubes gruesas y bien blancas a pocos metros, que serían cientos, pero no lo parecía. Entonces vimos la sombra del avión en aquel manto blanco y ondulado, y alrededor de aquella sombra, perfecta y nítida, una aureola arco iris. A mí me pilló por sorpresa, sin la cámara de fotos al lado y con la sensación de que lo que veía era producto de un problema visual, tan típico en mí, cegatón yo.
Entonces vi al doctor Miralles, médico de la selección, sacar su cámara y fotografiar el fenómeno que no era imaginación mía, sino real. En la terminal de Barcelona le pedí las fotos, y me las envió muy amablemente. Aquí están.
El fenómeno recibe el nombre de 'gloria', y añado aquí un texto informativo sobre el asunto, para el que, como yo, desconocía el fenómeno.
"La gloria es algo similar al arco iris, sólo que con un tamaño angular mucho más pequeño, y se ve especialmente bien cuando el avión sobrevuela nubes. Tres fenómenos ópticos (la refracción, la reflexión y la difracción) están involucrados, cuando los rayos solares se encuentran con minúsculas gotículas, y aún no se entiende perfectamente el proceso físico por el que se forman –sí, a pesar de ser parecido al arco iris.
La gloria, igual que el arco iris, se ve simplemente por la posición del observador respecto al Sol: en la foto de arriba, está alrededor de la sombra porque el centro de la gloria (como el centro del arco iris) se encuentra justo en la posición antisolar –opuesta al Sol– vista desde el observador... ¡y ahí es justo donde está la sombra del avión! Pero son fenómenos totalmente independientes: la gloria no se produce porque el avión esté interfiriendo de algún modo con la luz solar.
A veces se ven alrededor de la sombra de tu cabeza si hay niebla, y es probable que hayas visto alguna a lo largo de tu vida, de una u otra forma. De hecho, en China se llama la luz de Buda, y a veces era considerada una muestra de la iluminación interior de una persona el hecho de que pudiera verse".
Si pincháis en las fotos, se verá el efecto en mayor tamaño.
A veces vas por la calle y te encuentras cosas curiosas. Tengo varias registradas y muchas más en mente que recuerdo de otros tantos lugares. Desde aquel "pulsar paver precio" en una máquina de bebidas en una aldea a mitad del Camino de Santiago, a esta que hoy os enseño. Os pongo en situación: Altea, pueblo costero, turístico, mediterráneo, ingleses, alemanes y holandeses por doquier, pueblo de la comarca de la Marina, montañosa, rugosa, de sube y bajas infinitos. Entre sus calles, un cartel:
Bien mirado, han estado finos, porque siempre podían haber sido más explícitos. "La puta cuesta de los cojones", y con perdón, hubiese sido demasiado fuerte, pero no menos curioso.
Acabo de llegar a casa después de visitar el Valle de Irati, en Navarra. Saturación otoñal sin camino a la vista excepto hojas, hojas y hojas. Árboles caducifolios en plenitud de muda, y Rafa y Dani gozando con las bicis pese a la lluvia y el frío. Foto: Rafa Mora
¿TE PUEDO AYUDAR?
Si tienes alguna duda sobre alguna ruta, si quieres saber más o resolver alguna cuestión, si quieres hacer algún comentario personal o deseas cagarte en mí, para lo que quieras, hasta proponerme alguna nueva excursión o visita, me puedes enviar un correo electrónico a dameunrelevo@yahoo.es
Sufrir se sufre, pero la rampa siempre llega a su fin
Oliva 2007
No hay nada como un buen bocata en la montaña con la Pepa
Canfranc 2007
MI TÍO MANOLO
Los cuatro hermanos y mi primo.
Antes manolista que periquista
Yo soy periquista, pero también puedo decir que soy manolista. Soy periquista porque de pequeño, con nueve años, casi diez, vi a Perico Delgado ganar un Tour de Francia (1988), con ataques aquí y allá, con insistencia, con lucha, con descensos suicidas. Perico en esencia. Pero antes que periquista, fui manolista. Porque yo me tragaba la Vuelta a España y el Tour verano sí verano también gracias a Perico, pero sobre todo, gracias a mi tío Manolo, Manolo Mora Galiana.
Él, más mayor ya entonces pese a la edad que tenía (45 años), con los mismos achaques con los que se ha ido, fue en bicicleta un día conmigo y con mi padre. Yo alucinaba. Vestidos de ciclistas, como los de la tele, con mi tío dándole al pedal haciendo de guía camino de Albaida, recuerdo, con mi padre detrás cubriendo mi espalda, yo tan pequeño, molábamos que te cagabas. Fue, creo, la única vez que salí con él en bicicleta, porque nunca más, o pocas veces más, se lo permitieron sus delicadas piernas, su salud tan frágil. Este mismo mes de julio, 2008, veinte años después de aquello, sin poder ver a otro español en la cima del Tour -Carlos Sastre- y sin poder conocer de primera mano que su sobrino, aquel que le seguía y lo admiraba, había viajado de Andorra a Valencia en bicicleta, él se marchó. Nos dejó a todos. Prometo, pues, que saldaré la deuda que tengo con él dedicándole el relato del viaje, lo que viví, en una carta personalizada a él, porque, con el permiso de los demás lectores, se lo merece y se lo debo porque no me dio tiempo...
Muchos tendremos un hueco entre nosotros, y el de todos será eterno, pero en mi caso la ausencia de mi tío Manolo, amante del ciclismo, semilla de mi afición, lo tendré a cada kilómetro, a cada pedalada. Él fue mi luz, y por eso, por eso y mucho más, echaré de menos llegar a Ontinyent, verlo en la casita junto a su hermana y tía mía, Chelo -qué gran mujer- o en la residencia, y hablar de ciclismo -y del tiempo, y contando chistes, cómo no-, con el recuerdo en mi mente de ese cuadro que tiene en su casa de su sobrino Rafa junto a Eddy Merckx, el Caníbal belga de los cinco Tours que fue, entre otros muchos, el que fomentó en mi tío esta afición. Que la rueda continúe girando, pese a los que se van.
Iba a decir que recogeré su testigo, pero es más cierto afirmar que hace tiempo que lo recogí. Soy manolista de por vida. Descansa, tío, descansa, ahora sí, en paz.
LA FRASE
Andorra es el país del consumismo. Durante un partido de voleibol, los dos árbitros indignan a la grada. Un aficionado salta como un energúmeno y le dedica un insulto a la árbitro asistente: "¡VETE DE COMPRAS!", le espeta. Tal cual. Y no puedo evitar una sonrisa...
Datos personales
Rafa
No soy más que un tipo que desea escribir lo que vive y que agradece que alguien que se aburra lo lea. ¿Y por qué no?