30 mayo 2008

La nueva nena

Esta es mi nueva nena descansando en el Coll de la Botella, a más de 2.000 metros de altitud, tranquila y serena después de hacerme sufrir durante un rato que no he calculado. El Coll de la Botella está en la estación de esquí de Pal, en Andorra, y lo que se ve al fondo son las montañas de este minipaís nevadas por los siglos de los siglos. En esta carretera ha muerto hoy un tipo con un quad, despeñado por un barranco.

Añado más fotos de la nena para mis amiguetes de la peña La Naranja Mecánica, que hace unos días me pidieron imágenes de la nueva adquisición de la familia. Viva el ciclismo.



27 mayo 2008

Mi pilota valenciana hasta en los sellos

Este deporte tan grande, tan espectacular, tan poco seguido por contra, me ha llenado de satisfacciones a lo largo de unos cuantos años en los que he trabajado para él con amor. Con amor verdadero. La pelota de vaqueta, de tec, de badana o la que sea tiene un encanto especial, y ahora desde la lejanía me siento tan separado de ella que, ahora que puedo, aporto aquí un granito de arena para mermar la distancia. La pilota valenciana en los sellos, en una imagen que refleja el saque, la "treta de la banca" en el juego a "llargues", el juego más internacional que se practica tanto en la Comunitat Valenciana como fuera de ella, con modalidades que varian en detalles tanto en el País Vasco como en Sudamérica, o Europa, con Holanda, Bélgica, Francia e incluso Italia como abanderadas. En este caso el sello marca la silueta, el tipo perfecto de uno de las mejores "bancas" que este deporte ha conocido, José Martínez, un jugador que ha llevado a la selección valenciana a lo más alto en europeos y mundiales. Aunque no se valore en su justa medida, aquí está.

Porque también hay que pasárselo bien...

Hay que asumir que el Chiquiliquatre (o como se escriba) es un fenómeno que gustará más o menos, que divertirá más o menos, que en algunos casos aburrirá, pero que el fenómeno creado por el grupo de Buenafuente (cómo saben hacer dinero, los cracks) ha permitido que millones de personas se divirtieran, quisieran o no, viéndolo hacer el ridículo el dia eurovisivo. Y por ende, se ha creado un mundillo subalterno que ya no es tal a su alrededor que hace que pasen cosas como estas, que periodistas y correctoras de un periódico que se dice serio se pasen por el forro la dignidad y no tengan problemas en echarse unas risas en honor a ese engendro que duele a la vista que es el pobre Chiquiliquatre. Espero que, de verdad, descanse en paz. Aunque sólo sea por la salud mental del tal David Martínez, que estará hasta el gorro, si no loco perdido.

Para el gustazo de los valencianos, que sentimos vergüenza de muchas cosas que pasan en nuestra tierra (llana y soleada, qué grande), aquí va algo relacionado con el tema que me han enviado y que me permite reírme bien a gusto. Con eso sobra. http://www.youtube.com/watch?v=MagEJ0lJ8TQ

17 mayo 2008

Consecuencias del paso del tiempo


El paso del tiempo es inevitable. Hay cosas que cambian y evolucionan, se consumen y acaban por desaparecer. Es como la vida. Para mí el símbolo de todo esto se ve en las matrículas. Siempre que fui a Segovia vivía con intensidad -supina memez, direis- la evolución de las matrículas de esa bella ciudad castellana. Mi tío Manolo de Segovia tenía un Renault 11 con la letra C, y aquella letra fue subiendo y cambiando de tipo (de letra) hasta la I. A partir de aquí, desapareció el SG y se instauraron las tres letras insensibles y la sosa numeración. Ahora vas por la carretera y no sientes. No sabes si el que te adelanta es de Soria, de Cáceres, de Huelva, de Girona o de Toledo. Somos todos BRT, CDR, CTS, BBA, con la E sobre fondo azul que tanta polémica creo y nadie, ahora, se acuerda.

Y esto me lleva a pensar en los abuelos. Los abuelos criaron a sus hijos en una casa que hoy ya no es de nadie (bueno, sí, pero ni los conocemos ni importa). Allí pasó la vida de los que a nosotros nos trajeron al mundo, y ahora es sólo un recuerdo. Un recuerdo maravilloso. Y como sé que los que allí se criaron no han vuelto a pasar a verla para evitar emociones, aquí va un video que hicimos en nuestra última visita a la que ha sido, para todos, una casa llena de vida. A mí, cuando estuvimos, me sonrió al verme, tan tristona como estaba con las persianas bajadas y el polvo en las rejas. Fue una sonrisa de alivio y de agradecimiento. Porque de nuevo se sintió unida a lo que ha sido. Lo noté. Ella también sabe que como todo, nace, crece, se reproduce y muere, y espera el día en que una máquina la derrumbe y sea sustituida. Pero de momento lo hace con dignidad, manteniéndose firme. Llamé al timbre y no se oyó aquel estridente sonido que hacía. Entonces me di cuenta: es cosa del pasado, pero ella se mantiene viva en el corazón.
video
(DESPUÉS DE ESCRIBIR ESTO ME ENTERÉ QUE EL PASADO 15 DE MAYO LA CASA DIJO ADIÓS ANTE LA FUERZA DE UNA ESCAVADORA... Ahora sí que se acabó todo)

14 mayo 2008

Que la sonrisa no se apague, que el tiempo todo lo cure


Quisiera enviar en estos momentos un abrazo muy, pero que muy fuerte a dos amiguetes que allende los Pirineos, pasando Francia y dentro de Alemania, no se encuentran en el mejor momento. Anais y José -ella la sonrisa francoalemana más eterna del mundo, él el segoviano más batallador y rudo con permiso de don Perico- han tenido sendos contratiempos, y ambos relacionados con el deporte.

Anais ha sufrido una de las peores lesiones, rotura de ligamentos de la rodilla. La sonrisa eterna dice adiós a triatlones (el primero lo tenía este fin de semana), a la Marmotte (esto sí que duele) y seguro a otros proyectos que tenía en mente. Se lesionó en clase de atletismo en los saltos de vallas. Un besazo para que no se apague su luz.

José, el Segoviata como a mí me gusta llamarle –nunca le he consultado si a él le molesta, pero si es el caso espero que me lo diga-, fue a disputar una carrera popular alemana de 10 kms, una minucia para este devorador de kilómetros en bici o a pie, pero el amigo fue sin comer después de recorrerse calles y calles con la bici repartiendo el correo de la zona. Le dio un yuyu y acabó en el hospital. No es irresponsable, lo conozco, pero estas cosas pasan cuando se fuerza demasiado la máquina. Ahora está recuperándose del susto.

Por ellos dos pongo aquí dos fotos especiales. La de arriba es de ambos, paseando su amor por los Picos de Europa el pasado año, en julio, y abajo cuelgo una foto que me encanta, en la que están ellos dos, con Óscar, Anne, Amparo y el que suscribe en uno de los dos días más memorables de mi vida con noche en refugio de por medio y buena compañía. Una gran tropa que disfrutó de aquellos maravillosos Picos de Europa en unos días breves pero intensísimos después de los cuales el cuerpo, a todos, nos dijo también basta.

Se os quiere. Que lo sepáis.

11 mayo 2008

Beldium y la Marató i Mitja del Penyagolosa

Este hombretón de la imagen es José Vicente Belda, Beldium para mí. Es un amiguete de Superdeporte, un enfermo como algunos que conocemos, que volvió a intentar este año la Marató i Mitja del Penyagolosa, carrera de montaña por la mítica sierra castellonense. Lo volvió a intentar porque, llevado por la maratón de Valencia que acabó el pasado febrero con éxito, se ha marcado más metas -es el efecto dominó que tiene el deporte: te propones un objetivo, asequible, y lo consigues, y entonces planeas uno un poco más difícil y, ¡vaya!, lo superas también, y así vamos de reto en reto; es tan maravilloso...-. Entonces partió para la carrera con ilusión, pero, como todos, a expensas de la madre naturaleza. Y ésta, aquel día, dictó sentencia en forma de lluvia, y abajo en la tierra todo lo llenó de barro y frío, y algunos levantinos se alegraron por ello, sedientos todos, pero otros, como Beldium, vieron aquel día el filo de la navaja mientras intentaban superar los 65 kilómetros que separan la capital de la Plana de la ermita de Sant Joan del Penyagolosa, gran lugar donde perderse -es un consejo-.

Y pasó que dijo basta. Un año más la carrera se le resiste, pero hay que ver siempre el lado positivo, y es que el menda, de nuevo -evoluciona bien, entrena bien, se esfuerza y mucho Beldium- bajó su último registro en el kilómetro 35, que no es poco, oigan: 4 horas y 45 minutos. Y claro, haceros cargo, gente, que casi cinco horas, todas, absolutamente todas lloviendo, es duro de narices. Pies mojados, pesados, hundidos en el fango, resbaladizos sobre la piedra húmeda, agua por todos lados... condiciones para decir, con tranquilidad, que el año que viene habrá otra oportunidad. Y eso es lo mejor: siempre hay otra oportunidad para subir, para bajar, para sufrir y para disfrutar de la naturaleza y de nuestro propio esfuerzo.

Un enorme abrazo, Beldium, porque el sacrificio tiene recompensa.