11 febrero 2010

Diving Andorra: Bajo el hielo y sin frío, ¿puede ser?



Con el traje seco, los plomos, la botella de aire y el andar de un pato mareado con dos copas de más, parecemos una especie de astronautas a punto de subir a uno de aquellos transbordadores de la NASA. Adiós, querida Tierra, adiós. La diferencia es que nosotros, con aquellas pintas, no íbamos a volar, sino todo lo contrario. Nos dirigíamos al agua de la Balsa de la Canaleta, a 2.000 metros de altitud, en el mismo borde de la pista que lleva ese nombre del sector de Arcalís. ¿Están preparados? Nosotros no lo estábamos, pero ni lo sabíamos ni nos hacía falta saberlo. El secreto, simplemente, es dejarse llevar.


Lydia, Rafa, Sara e Iván, antes de entrar al agua bien embozados.

Raúl Baró y Héctor Encuentra son los dos monitores e ideólogos del Diving Andorra, una idea que será en el futuro, sin duda, una atracción fija en las pistas de esquí durante el invierno, como lo será en verano en unos lagos andorranos no exentos de vida, luz y espectacularidad. Para ser sincero, lo cierto es que desde el pasado verano ya se hacen inmersiones, y desde la Navidad pasada se ha puesto en marcha la versión invernal, bajo el hielo y con un agua que hiela la sangre. Desde que les otorgaron el premio Innovadores del 2008, la empresa trabaja para mejorar, y poco a poco lo hace. La experiencia que ofrecen no hay palabras para describirla, por mucho que lo intentemos aquí. Probemos.


Las sonrisas son nerviosas. A la izquierda, Rafa, a la derecha, Iván.

Iván y el que escribe –Rafa, para presentarnos- acudimos a Arcalís habiendo dormido un poco nerviosos por la novedad, y con los esquís y la tabla de snow al hombro. Nadie diría que haríamos el diving. En el telesilla sólo hablábamos del frío, si tendríamos o no allà abajo. Incertidumbre y dudas que al bajar la pista de la Canaleta y pararnos en un lado a la entrada de la Balsa huyeron de la cabeza. Es el momento en que empiezas a dejarte llevar por los que saben. Ves la nieve y el hielo en la balsa y no los quieres ver, y entonces dejas los esquís y la tabla de snow, entras a la caseta de recepción y allá Raúl, Héctor y sus compañeros se afanan con los tubos, las botellas, los trajes secos y la documentación necesaria para todos. Detalles: no tienes que tener problemas de claustrofobia, ni respiratorios, ni cosas parecidas que puedan hacer encender las alarmas bajo el agua.


Rafa espera su turno mientras Iván se moja la cara.

El personal del diving explica el procedimiento: «Os pondréis el traje seco encima de la ropa de esquí, sin problemas, los calcetines por encima de los pantalones, la chaqueta no os hará falta –¿cómo?–, el traje tiene dos válvulas, una para que le entre aire al traje y así subir, y otra para expulsarlo y así bajar; es muy fácil, no hay ningún riesgo, se respira por aquí, ¿veis?, sin problemas». Perfecto, pero: «¿Y el frío?», preguntamos todos a una. Y aquí pasa lo que pasa cuando un monitor sabe que los que tiene delante están temblando de miedo: sonrisas pícaras. «¿Frío? No se nota, hay gente que dice que un poco en las manos, pero tranquilos». «¿Y nos entrará agua?», segunda pregunta a una sola voz, y respuesta tranquilizadora: «De momento a nadie le ha entrado». Suspiros con risas nerviosas.


Uno de los monitores, boca abajo con los pies en el hielo de arriba.

Andando como astronautas hacia la nave, nos sentamos en el hielo con los pies en el agua. Uno a uno nos sumergimos. Primero nos tenemos que mojar la cara –¡primera sorpresa!–, y Raúl sonríe diciendo que el agua sólo está a tres bajo cero. La sensación es soportable, nos ponemos las gafas de buceo y Raúl comprueba que no entra agua por ningún lado, y entonces hacia abajo. Allá el espectáculo. El sonido de la propia respiración con la botella le da un aire mágico a la escena. Luz que lucha por atravesar el hielo y colarse dentro del agua, una oscuridad al fondo –11 metros de profundidad– alucinante, y una placa de hielo encima que te apaga la risa. Allí Raúl, que continuamente nos dice por gestos si todo va bien, se pone boca abajo con los pies y las aletas en el hielo. Todos lo imitamos. Mientras intento el movimiento de voltearme, pienso si la sangre bajará demasiado rápido a la cabeza. Nada de esto pasa porque estás en otro planeta, viendo a tus compañeros alucinando como tú. Entonces nos volvemos a mover hacia uno de los agujeros de los tres que hay en el lago. La nieve y una pequeña capa de hielo lo cubre todo, pero con la cabeza y un poco de impulso lo atravesamos: «Esto sí es romper el hielo», bromea Raúl. De nuevo bajo el agua y el hielo, los 20 minutos que dura la expedición se consumen, y entre piruetas aquí y allá vamos hacia la salida. Sonrisas llenas nada más sacar la cabeza del agua y ver el cielo azul y el sol allí arriba, y comentarios de todo tipo, todos de emoción y de buena experiencia. Entonces volvemos a la caseta para cambiarnos, y descubrimos, debajo del traje seco, nuestra ropa de esquiar intacta. Ni gota de agua. ¿Cómo puede ser? Pues puede ser. Y si no, pruébenlo.


Iván, con un sonrisón al salir del agua.


El reportaje, publicado en El Periòdic d'Andorra.

9 comentarios:

Manu dijo...

Que cabrón, te apuntas a todo.

Luis dijo...

wow...

Mary dijo...

Luis, te me has adelantado, iba a escribir lo mismo: "Wow..."

chimo dijo...

Entre lso temores que surgen en una actividad como esta, y más que el frio del agua (que no puede ser en exceso pues se congelaria) el gran reto es encontrar el agujero por donde salir.
Personalmente, tras una experiencia asi de frio y humedas necesitaria unos 18 dias para recuperarme.

PETRY dijo...

¡¡¡¡madre mía !!!! Y YO SOY LA MADRE

Anónimo dijo...

Como te lo montas Rafa!!!! Me alegro de tus aventuras me hacen sonreir y ver las cosas que haces bandido. Un abrazo de tu hermano Zori.

Jose Vte dijo...

Batallitas...? Eso son lujos... Y yo matandome aqui venga kilometros...

iago dijo...

Això ja és un grau! T'haurem de tractar de vos, com a mínim, durant un mes! I jo fent raquetades per a guiris al coll d'Ordino... uf!

Juanje dijo...

Comentario de la Bego. ¿Qué pasa, que ahora vas a hacer como la de 21 días?
Comentario del Jenaro. ¿Qué te pasa en el ojo derecho? ¡Envidia!