11 diciembre 2009

La misma cima, siempre diferente


Cada cima de un puerto tiene su aquel. No hay ninguna igual como no hay ninguna que sea de la misma forma ni transmita lo mismo que la última vez que la coronaste. Un árbol seco que antes no lo estaba, una vaca descansando unos metros más allá, una cabra tintineando el cencerro, otro ciclista o varios acabados de llegar, una caravana aparcada, o simplemente las nubes o el cielo raso dan a cada cima y a cada ascensión un aire diferente.

El Tourmalet es tan mágico que cada vez que lo subes es como estar en un sitio nuevo. La primera vez que lo coroné, si no recuerdo mal en el 2004, hizo un día de sol y poco frío. Era septiembre, vi llamas a dos kilómetros de la cima y pensé que me estaba volviendo loco. Llegué reventado pero por mi cara en la imagen se diría que no sufrí. Aquello era sólo la satisfacción de haber coronado el santuario del ciclismo mundial, porque el dolor iba por dentro. La cima estaba semidesierta, con algún turista que hacía fotos al paisaje y a la estatua del ciclista. Un señor con sus 60 años a cuestas coronaba también por el otro lado, con un tercer plato, pero debía de ser lugareño, porque llegó, se dio la vuelta, metió plato grande y se fue para abajo. Como cuando los valencianos llegamos al Oronet como si tal cosa.



El mes de julio siguiente, ya en 2005, fui con Luis. Llegué de nuevo muerto, cuando a un kilómetro de coronar me dio el pajarón y tuve que parar, y me retorcí para llegar. Aquel día la imagen era gris, fría, lluviosa, y aquello estaba lleno de ciclistas como nosotros. Yo me senté en el suelo al lado de la bici, absolutamente vacío, y quise sentir de cerca a los aficionados que allí estaban también admirando la cima y el poco paisaje que se reconocía entre las espesas nubes de allá abajo.





















En el 2007 volví en primavera, con Óscar, José, Anne, Anais y Pepa, que nos acompañó con el coche. La cima en aquella ocasión estaba cinco kilómetros antes, en La Mongie, porque las pistas de esquí invadían aún la carretera. Decir que hacía frío, así simplemente, es decir poco. Era la zona del párquing justo después de los apartamentos de la estación, justo donde empieza el tramo final desierto de vegetación, en aquel día nieve y territorio de esquiadores. Recuerdo mirar a la ladera del otro lado, donde el sol iba y venía tanto como las nubes lo tapaban, y recuerdo la sensación confortable con la presencia del calor solar, y el frío excesivo cuando éste se marchaba.



En el 2008 repetí con Óscar, pero por la otra ladera. El ambiente, si bien en la subida fue de sol y calor, en la cima fue de intenso frío. Fue coronar y darnos la vuelta, porque unas nubes grises que venían del otro lado subían a toda prisa, y el miedo a mojarnos y pelarnos de frío, en pleno julio, nos invadió. Estaba también lleno de ciclistas porque eran fechas de Tour.



Otro ejemplo es el Col d'Aspin. La primera vez que lo subí fue en 2005 con Luis. Fue el mismo día del Tourmalet, y sufrimos pero llegamos y pusimos la mejor cara que pudimos. Ambiente gélido y gris, con alguna cabra y alguna vaca y una caravana que debió de pasar allí la noche.



La segunda vez que lo coroné fue uno o dos días después, también con Luis, pero él esta vez llevando el coche. Aquella jornada, curioso, fue de sol y calorcito, con una cima luminosa en la que se respiraba un aire puro que llenaba los pulmones. Más de diez vacas pastaban a sus anchas por allí.



La siguiente ocasión en que subí el Col d'Aspin fue con Óscar, José, Anais, Anne y Pepa con el coche, y estaba tan roto por el pique que tuvimos subiendo que no recuerdo mucho de aquel momento en el que sólo deseaba enfilar hacia abajo, meterme en el coche, ducharme y descansar.



















Uf, estoy tan cansado...

4 comentarios:

Barrei dijo...

Y la proxima vez será...

Rafa dijo...

en julio, amigo, en julio... jajajaja, veo que lo tienes presente!!

Anónimo dijo...

joder!!

José Vte. dijo...

Aún me acuerdo como si fuera ayer de cuando me contabas el primer ascenso al Tourmalet... Creo que es una de esas cimas, retos, objetivos, llámalo como quieras, que te acaban seduciendo o enamorando (con permiso de quien toca) para visitarlas una y otra vez...