14 diciembre 2008

Injusto



El otro día en el trabajo -perdonad que vuelva al tema y recupere mi lenguaje agresivo que tan poco gusta- tuvimos una reunión con los jefes para analizar diversos temas. Mi compañero de Deportes y yo nos vimos cara a cara con el subdirector y el redactor jefe. La verdad es que el cónclave fue, al menos para mí, muy gratificante pese a que hubo críticas de todo tipo y pese a que hubo tiras y aflojas. Salí de aquel despacho más animado, con la sinceridad que reclamo de los jefes puesta sobre la mesa, y sin medias palabras que dejan resquicios a las malas interpretaciones. El agua fue clara, cristalina.



De entre todas las cosas, quisiera destacar un comentario que, este sí, me sacó de quicio: "Es injusto que haya algunas personas que se vayan a las siete o siete y media de la tarde a su casa mientras los demás están más tiempo, y que luego vengan al día siguiente diciendo que tienen que buscar temas". Y estalló la bomba. Me lo puso en bandeja. No pude evitarlo. Salté. Evidentemente poca gente hay en la redacción excepto quien suscribe y alguno más que a las siete o siete y media recoja sus trastos y se pire a casa, entre otras cosas porque si lo hicieran se aburrirían como ostras entre sus cuatro paredes, ya que su mundo no parece ir mucho más allá de la torre de cristal en la que trabajamos. Como en la redacción se mantiene el vínculo social, allí permanecen por tiempo indefinido hasta que se hastían y deciden volar (de una puñetera vez). Yo soy aquel, que diría Raphael, el de las siete o siete y media.





Aquí se abrió la veda del reproche. Intentando que no se me llenara la boca de rabiosa espuma, contesté con un gran intento de controlar mi ira que qué me estaba contando de injusto, que si le parecía injusto que el de las siete o siete y media acabara antes que los demás porque no pierde su tiempo en cigarritos y cafés, y que si no le parecía que, después de exponerle el sistema de trabajo de cualquier periodista cigarritero y cafetero -11.00: reunión; 11.30: café; 12.00: redacción con dos o tres cigarritos; 13.30, a casa; 16.00, redacción con dos o tres cigarritos; 17.30, café; 18.00, verdulería, mercadillo, marujeos varios; 18.30, grito del imbécil de Deportes, que intenta concentrarse; 18.35, redacción con cigarrito y raje al imbécil de Deportes; 19.30, adiós al imbécil de Deportes; 20.00, redacción porque, ahora sí, hay que escribir porque es tarde, con cigarritos, claro, mientras el imbécil de Deportes coge el bus para llegar a casa; 20.30, redacción mientras el imbécil de Deportes desconecta en el gimnasio o en la piscina, 21.30, redacción mientras el imbécil de Deportes hace la cena, 22.00, redacción mientras el imbécil de Deportes cena-, tal vez era injusto lo contrario y, puestos a vacilar, si no se le debían horas al que se iba a las siete o siete y media. Coño.



Aun un día, antes de todo esto, tuve que escuchar alguna insinuación respecto al por qué cuando el imbécil de Deportes acababa no se dignaba a ofrecerse a ayudar a un compañero. No faltaba más. No puedo parar de reír, no porque no me parezca bien, si no porque no me imagino al que acaba a las siete o siete y media echándole una mano al que se ha estado tocando sus partes durante varios momentos del día. Entonces sí sería un imbécil. El de las siete o siete y media.



7 comentarios:

María dijo...

Sin lenguaje agresivo pero lo has dicho claramente. Eso también lo vivimos Sole y yo: la jefa y la comercial se pasaban toda la mañana al teléfono marujeando y en el bar almorzando y a las 19h les entraban las urgencias (o sea, retraso de lo que no habían hecho antes). Nos ponían malas caras a las dos que nos marchábamos a nuestra hora, a las 19:30h, como si encima fuera pronto, como si eso significara que no teníamos suficiente trabajo. Al principio nos sabía mal y nos esperábamos hasta menos cuarto pero, como suele pasar, al final nos cagamos en las injusticias y cinco minutos antes de la hora de salida ya estábamos recogiendo. Si nos quedábamos más algún día, al día siguiente llegábamos más tarde. Como era justo y como lo hacíamos las dos y otro compañero (en equipo) no nos decían nada. ¿Malas caras? Pues no se las miras ¿Malos comentarios? Total, tú no estás delante para escucharlos.
Y sí, sobre los que van a trabajar para pasar el rato podríamos escribir una novela de terror con mucha mala leche. Lo malo es que yo creo que encima esa gente no se da cuenta. Suele ser gente cuya vida personal es casi inexistente o bastante triste y luego, cuando ésta mejora, se topan de frente con la injusticia que ellos mismos han creado.

El Tito de S. dijo...

Lo has clavado, chico. Ni que fueras Sesma. Con un par.

petry dijo...

Es cierto que algunas personas acuden al trabajo solamente.
Y digo acuden, porque realmente tienen que ir a trabajar, pero no saben gestionar su tiempo de trabajo. Tampoco saben hacerlo en sus horas de DESCANSO: el lugar de trabajo es lo único que les descansa.

Genoveva y Carlos dijo...

Ole, ole y ole!

Iago dijo...

Sí, és ben cert que al Peri abunda la gent que no té vida social més enllà de la redacció, però també hi ha algun estrany exemplar (crec que a la secció de política n'hi ha dos) que estan sempre pendents d'una última trucada que capgiri el diari de dalt a baix. És a dir: no tots els que surten passades les 9 o les 10 del vespre és perquè estiguin fent cafès o fumant, entre altres coses perquè, qui això signa, ni fuma ni pren aquesta beguda infecta anomenada cafè.

I sortir tard de la redacció també comporta problemes als que sí que tenim vida social més enllà del diari, prou que ho saps... algunes coses hauran de canviar.

Marcel dijo...

Bé, Rafa, bé. Ets la veu de la consciència, nanu. Almenys, de la meva quan sóc a la torre de cristall. I m'agrada el cafè, però quan treballo, m'agrada el cafè vol dir que m'agrada prendre'l en 5 minutets i tornar a pujar. I, si puc abans d'entrar, millor. El que no em barrufa és estar-hi mitja hora i fer la tertúlia. Almenys, per part meva no em queixo de plegar a quarts de set... entrant a les 3, seria de molta cara! hahaha! Una abraçada, Rafeliu!

Anónimo dijo...

Crec que tot i tenir raó, no cal fer la bola més gran. No crec que s'hagi de fer d'açò una guerra. I sembla que tú la vulguis fer. I estic segura que els comentaris no anaven en contra teva ni ningú està en contra teva. Només és la meva opinió.
Pepa