22 noviembre 2008

Estoy hasta los mismísimos

Me pone de mala leche perder el tiempo. Odio sobremanera tener que estar mirando la pantalla de un ordenador mientras los demás se toman su café del día y yo vengo de engullir mi desayuno en casa perdiendo el culo por llegar a la redacción lo más puntual posible. Me cago en todo lo que se menea. Me gustaría saber por qué cojones no puedo llegar al trabajo una hora tarde porque me he ido a entrenar, por ejemplo, cosa que no hago porque políticamente no es correcto. Pero, ojo, sí es correcto que los demás, la gran mayoría, se vayan a tomar su café y a lo largo de una mañana o una tarde se hagan hasta diez viajes (por decir un número, por mí como si son cuatro o cinco, da igual) para fumarse su cigarrito. Eso sí está bien visto.

Explico el proceso: Se llega a las once, se hace la reunión, y entonces se produce la desbandada al bar y se usa un tiempo en el que sólo dos o tres nos quedamos en la redacción adelantando. Pero claro, yo no puedo venir en vez de a las once, a las doce, pongamos por caso, decirle mis temas al jefe y arrancar al mismo tiempo que todos. No sé si me explico.

Estoy hasta los mismísimos de ser un papanatas, de callarme la boca y no poner el grito en el cielo. Aquí la gente parece que no tiene otra cosa que hacer que estar en el trabajo, y yo me desespero, me hierve la sangre y me callo. Me callo hasta ahora porque aquí lo digo, porque me molesta que el cigarrito de mierda y el café -tan social él- sean bien vistos y que yo no pueda pasarme también la norma por el arco del triunfo y llegar tarde porque me he ido a entrenar o porque me he quedado mirando el cielo como un panoli. Eso no se puede, no. Mierda cochina.

Si pensamos que un cigarrito viene a ser entre cinco y diez minutos, y sumamos por ser generosos cinco cigarritos al día (cinco, ojo, soy muy generoso...), hablamos de casi una hora. Me voy a plantear seriamente llegar a las cinco de la tarde o cuando me rote y mandarlo todo a la mierda, acabar a las diez de la noche y al menos aprovecho la luz del día para hacer otras cosas. Además, yo que intento acabar mi trabajo lo antes posible, cuando toca el momento de irme a casa, mientras todos, ahora sí, sólo miran a la pantalla después de haber mareado la perdiz durante horas con chascarrillos y memeces varias propias de un mercadillo, bareto o espacio similar -muy social todo-, me siento mal por abandonar la redacción mientras los demás, ahora sí, le dan a la tecla.

Ya que mis jefes no se dignan a poner freno –la cantinela de que “esto no puede ser” la oigo desde que trabajo aquí-, yo me voy a hacer mi propio planning. A la mierda. Y no voy a pedir perdón a nadie por pensar lo que pienso.

9 comentarios:

Marcel dijo...

No puc dir res més que donar-te la raó. Parlo amb relació amb mi mateix i als altres.

Anónimo dijo...

Desde luego no estaría mal que ese tiempo en el que los demás pierden el tiempo, tu lo aprovecharas para otras cosa mas sencillas:aprender a utilizar otro lenguaje.
Todo eso lo has aprendido pero ¿donde?.
Será muy liberal, y muy moderno, y una forma muy personal de escribir.
Mi padre diría ¿qué palabrotas¡

Genoveva y Carlos dijo...

Ya ves Rafa! anda que no fastidia el dichoso cigarrillo, es el pasaporte para el descanso no ganado. Pobrecito, se esta fumando encima, dejalo que se vaya a fumar... que rabia!!! pero lo que yo digo siempre, salen ellos a fumar, pues tu te compras un paquete de chuches y ale, a comertelas, pues eres adicto al azucar...

Anónimo dijo...

Lo siento pero estoy de acuerdo con el anónimo. A veces tanta mala leche cansa un poco.
Yo cuando trabajaba en Valencia tampoco entendía que, habiendo desayunado en casa, entrando a las 9/9.15, a las 10 ya me tuviese que bajar a almorzar, por obligación además, cuando ya había empezado a coger la marcha. Y que el informático que se sentaba delante de mí se pasase el día dando vueltas "arreglando ordenadores" por la empresa, decía, cosa que no decía el olor a tabaco que traía cuando le daba por aparecer. Y yo sin poder merendar.

Rafa dijo...

No hay que sentir nada, carmela (creo, porque esos anónimos...), cada uno opina y está bien. De todas maneras, yo no digo ninguna palabrota como para escandalizarse, vaya. No sé a qué se debe tanta exigencia de moderación verbal. A ver si uno no se puede cagar en todo lo que se menea cuando le sale de las narices... digo yo, jejeje. Lo que pasa es que mi mááááááááma (el primer anónimo es de ella, claro) no cree que deba hablar así, ¿no? Es mi mááááááááma, es normal.

Anónimo dijo...

Es un poco fuerte tanto reconocimiento.
Me ha dado un ataque de risa que aún me dura.
Sois tremendos.
De todas maneras estaba segura que se sabía quien era el ANÓNIMO.
Tu maaaaaaaaaaaaaama

Anónimo dijo...

No es porque sea escandaloso, ni por moderación verbal, ni por que sea tu madre, ni tu hermana, es por el tono. Por eso digo que a veces tanta mala leche cansa. Y reconozco que no me gusta mucho muchas cosas que escribes por ese tono, y que lo sabes hacer mejor. Antes de este blog mandaste algo por mail que me soprendió, porque vi que sí que sabías decir bien las cosas sin necesidad de hablar mal.

Anónimo dijo...

Aquí Jenaro.
Estoooooooo... Sólo diré una cosa: ¿estás seguro de que tú no trabajas en Super?

Iago dijo...

Jo no sé per què dius que no pots arribar més tard que la resta i començar a treballar quan tots tornen de fer el cafè. És el que jo faig sempre i aprofito per esmorzar com un senyor a casa mentre la resta fa pols les seves artèries i la seva tensió a base de cafè.