25 marzo 2008

Cuando el miedo al alud nos paró los pies

No hay que negar la evidencia, y la evidencia es que el segundo intento por coronar con raquetas de nieve el Pic de l'Estanyó volvió a fracasar. Duele, pero estamos en casa escribiendo esto y descansando, y no lamentándonos de algo peor. Nada pasó en realidad, tal vez fue sugestión, tal vez, pero no hay que negar que el miedo nos pudo.

Iago y yo intentamos una vez más subir a la cima. Las nevadas de lunes y martes dejaron el camino limpio de huellas y tuvimos que abrirlo nosotros hundiendo los pies, pese a las raquetas, hasta un par de palmos. Duro, muy duro. La parte del bosque que algunos conocen y sufrieron en Pascua fue un suplicio. Llegar luego al lago fue esperanzador, pero intentar el ascenso de la collada (parte de la Serra del Roc del Rellotge desde la que se accede en recto hacia el pico) fue un martirio que se acabó cuando le pusimos seny al asunto. Dábamos un paso, dos, tres, y parábamos para respirar mientras manteníamos el equilibrio. Un sufrimiento físico y mental muy alto. Una locura a la que se añadió que en uno de esos pasos se oyó un crack. El suelo se rompía bajo nuestros pies. Miramos alrededor y todo era nieve y roca por arriba y nieve por abajo. Todo blanco, sin parapetos, sin vegetación. Estábamos en medio del meollo. En medio de la madre del cordero.

En ningún momento antes nos habíamos planteado la posibilidad de un alud, pero en ese momento, con el crack, con todo nieve virgen a nuestro alrededor en vertiginosas laderas, se nos heló el corazón. Estábamos vendidos si el suelo se caía bajo nuestros pies. Iago y yo nos miramos y no lo dudamos: Aborto y media vuelta. Una retirada a tiempo a veces es una victoria. En atemorizado silencio descendimos de la trampa en la que nos habíamos metido, y sólo cuando llegamos a un sitio seguro, allá donde una valla y un muro tapona el riachuelo que baja, entonces, comimos y debatimos. Habíamos hecho bien.

Os dejo los videos. Tengo el orgullo herido, lo sé, pero nos queda el sentido de la responsabilidad.

La renuncia:


La rabia:


La reflexión:


La despedida:

Y no hay más que decir, sino suspirar.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Xé, aneu amb compte...coneixement...

Besets. María.

jordi dijo...

Pense que haveu fet be perque la muntanya i la naturalea es molt bonica pero pot jugar una mala pasada.

jordi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
VICTOR SESMA dijo...

me ha molado un montón los vídeos, con la distancia, os daréis cuenta que muchas veces es un triunfo no conseguir el objetivo, el haberlo intentado, yo nunca he oído crujir la nieve a mis pies, pero supongo que habría tomado la misma decisión. La próxima vez me subo con vosotros. Sois unos CAMPEONES!!!!

Riki dijo...

Que excursión más guapa!
A ver si convenzo a Esther y me llevas de excursión por esas tierras.

Por cierto, pregunta...se podría subir con los esquís a cuestas y bajar esquiando?

PD: yo tb me habría dado la vuelta...

Fran dijo...

Aqui os dejo dos frases que he encontrado y que os vienen bien para vuestra retirada:
- "En la lucha con un adversario superior, la retirada no es ninguna vergüenza."
- Cuando una batalla está perdida, queda la retirada; sólo los que han huido pueden combatir en otra.

manuel sesma dijo...

Mi padre nos llevaba muchos sábados a la montaña, por esta Sierra segoviana del Guadarrama. Recuerdo subidas a «El Moño de la Tía Andrea», «La Silla del Rey»… Esa montaña, con 7 años, me parecía un Himalaya. Hoy sigo subiendo de vez en cuando a esos lugares, pero no dejo de conocer otros por aquí mismo.
Sin embargo, desde que con 18 llegué por primera vez a los Pirineos y coroné el Aneto, aquellas montañas que me acercaban a mi amada Francia se han convertido en un Edén al que respeto como a una madre.
Ese respeto me heló la sangre –y el resto de mi anatomía– en una tentativa de coronar el Monte Perdido desde el refugio de Ordesa, hace seis años. Pensaba que perdía a uno de mis mejores amigos (mejor montañero y mejor persona que yo), que se aventuró en solitario a intentar coronar los 50 metros que nos faltaban.
No pudo ser, pero la mejor recompensa de aquel palizón fue recuperarlo: volver a verlo aparecer tras la ventisca, con la cara desgarrada por la frustración y el hielo, pero la satisfacción de oírle quejarse.
Hoy sigo dando paseos con él. Por esta Sierra del Guadarrama.

Anónimo dijo...

La Naturaleza es la mejor compañera , pero como todas las compañías pueden hacer vivir con intensidad, ayudar en la marcha, comprender el esfuerzo,dar alegrías,y por supuesto avisar de lo que está dispuesta a aguantar.
Siempre está acompañandonos y esperando que la respetemos, la cuidemos y que la temamos si es preciso.
Despues del susto, gracias por rectificar, dar marcha atrás y seguir hacia atrás que tambien es una forma de ir hacia adelante.
Gracias hijo. Sigue adelante, que ELLA te seguira esperando todo el tiempo que tu quieras. Siempre estará,
CUIDADO