09 enero 2012

Credibilidad perdida

En los últimos años ha quedado demostrado que la profesión se va al garete. El periodismo es ahora más que nunca un balance empresarial, y entonces todo lo demás no sirve. Es decir, el sentido de peso sobre una sociedad y sus valores, su control y la crítica, el punto de vista práctico y moldeador del día a día, queda supeditado a unos números de beneficios o coste cero.

Leo estos días algunas frases de veteranos periodistas, referentes algunos, sectarios todos, pero que en definitiva coinciden en la falta de creencia en nosotros mismos y nuestra caída libre en manos de la empresa en su sentido más amplio. "En lugar de centrarse en su papel de difusor de un determinado mundo de valores y pensamientos, el periodismo está siendo desbordado por la lógica económica".
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Aquí va otra dolorosa verdad: "La rentabilidad se está imponiendo del todo, de manera que la lógica de las redacciones está siendo completamente sometida a la del gerente". Que levante la mano quien no esté completamente de acuerdo.

La siguiente, sin embargo, es la que más duele: "En el interior de las empresas, en lugar de concentrarse en la eficacia comunicativa, trabajan simplemente haciendo sumas, restas, multiplicaciones y divisiones". Y esto habla en todos los sentidos, porque se valora tanto el aspecto económico entre la gerencia, como el horario entre la dirección: haz más horas de las que te tocan, o caerá sobre ti la sombra de la duda.
Hemos perdido el norte. El periodista de hoy que trabaja en una tele pública tiene que ir a los actos haciendo de redactor y de cámara, el redactor de prensa escrita sabe que es muy posible que le toque hacer la foto de una rueda de prensa porque no hay fotógrafo, por no hablar de la cantidad de acontecimientos que no se cubren sino por vía telefónica o internet, porque es más barato a costa de perder la salsa de estar en el momento adecuado contando la anécdota ejemplificadora, lo que se ve al instante, el hecho en sí, desde el punto de vista de un ojo humano y no desde el que nos lo cuenta, en gran medida, como parte interesada dispuesta, sin querer pero queriendo, a intoxicarnos. El periodista, en suma, está hoy más dentro de la redacción que fuera, porque eso cuesta menos, y así no se informa como se debería.

Parecemos ratas. Ahora mismo lo más importante es salvar nuestro culo, perdiendo toda clase de valores y sin protestar. Se admiten tropelías, atentados periodísticos y demás abusos, en favor del que manda, del que dicta, del que paga y del qué dirán, y no se atiende al derecho del ciudadano a saber la verdad, desde todos los puntos de vista, sin censuras, sin engaños, sin medias tintas.

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Hemos perdido credibilidad: cuanta mayor sea esta pérdida, más difícil será recuperarla. Y vamos en caída libre. Como periodista, estoy muy decepcionado, y como lector, me siento defraudado. El periodismo que practicamos en estos momentos allá donde estemos es vergonzoso, y más aún si además de la que está cayendo nos cerramos en banda y nos plegamos al dedo amenazador.

Caer ante la presión no es aceptar una palabra donde quisiste poner otra, sino ceder ante un concepto de periodismo que lleva al desastre social. El periodista o es libre o no es periodista. La prensa es moldeadora de una sociedad, y una sociedad sin una prensa libre es una sociedad herida, que pierde valores, y nosotros los periodistas, cediendo, cavamos una gran tumba.

No parece que quede mucho más por hacer que aguantar el temporal, mantener la cabeza alta y luchar por lo que es de justicia. Sobre todo si se hace desde la educación, la perseverancia y la profunda asimilación de que lo que se hace es un ejemplo y una semilla de futuro. La dignidad no nos dará de comer, pero nos mantendrá con la conciencia tranquila. Y eso no se mide en euros.

En la facultad nadie nos enseñó a ser valientes, y de estos en las guerras se cuentan por muertos. Pero hay caídos que el tiempo los pone en su sitio, y gerifaltes que acaban en el suyo. Vida no hay más que una, y nada hacemos sintiéndonos parte de algo que no sentimos. Así que no se cede, se aguanta, se muda, se viaja, se busca y se encuentra una solución.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que haemos en la vida tiene su eco en la eternidad.

El que viste y calza dijo...

Ahora más que nunca parece que trabajamos para sobrevivir más que para vivir. Nos hemos dejado llevar por el miedo que nos han impuesto los mercados y al frente de cada medio de comunicación no hay un periodista, sino un empresario.
Ahora la situación está más que tensa... ADN desapareció, Público está contra las cuerdas, La Mañana busca inversores para seguir adelante, el Avui también echará a otros tantos y Canal 9 también lo está pasando mal.
Parece que esa época ya la vivimos hace poco más de un año en Andorra, sólo espero que no vuelva a pasar porqué ya trabajamos bajo mínimos.

Anónimo dijo...

Desconozco si hay mucha diferencia con el pasado, antes el periodista era exclavo de la politica, ahora del dinero. Pero ahora tenis internet, y eso si es libertad.

Carlos R.

PD. Te recomiento que leas "Lo que jamás conté" de E. Ginés, y verás por que digo lo de la política.

El Tito de S. dijo...

No te desesperes, sobrino. La honestidad no existe en ninguna profesión porque todas están mediatizadas por quienes mandan que es quienes ponen el dinero. Todas las profesiones, y si no, pregunta a tu alrededor.
No quiero ser derrotista pero a todos nos ha tocado pasar por ruedas que no queríamos. Bah, estoy predicador. Lo siento, pero siempre tendremos que elegir entre nuestro incorformismo o la autoridad monetaria.

PETRY dijo...

Á mí me malpaga el estado por ejercer mi profesión en un puesto de trabajo .El puesto de trabajo está regulado por aquel que me da de comer ( que no deja de ser supervivencia )pero como profesional nadie salvo la Ley puede juzgar lo que hago.Se me puede ordenar que incumpla mis obligaciones, las puedo incumplir pero seré responsable ante esa LEY que me exige ejercer mi profesión no solo eticamente sino juridicamente también