23 octubre 2010
Prohibido legendario
16 octubre 2010
De Steven Spielberg a Steven Seagal
El Diablo sobre Ruedas es un peliculón que te mantiene en tensión durante la hora y cuarto que dura, y cuenta la historia de un hombre que en viaje de negocios por una carretera del desierto americano, conduce su utilitario tranquilamente hasta que un camión cisterna que da un miedo que te cagas, le hace la vida imposible hasta el punto de querer matarlo. Nunca se ve al conductor del malo de la película (el malo no es el conductor del camión, sino el camión en sí). El cisterna, marrón, oxidado, robusto y fuerte, juega con el cochecillo a su antojo, hasta que en un final memorable, embiste al pequeño vehículo con el conductor a salvo en el último instante, pero al borde de un precipicio. El plano del camión chirriando, cayendo ralentizado por el barranco y destrozándose, es la de un león que ruge en sus últimos momentos antes de morir de dolor.
La cuestión de esta entrada es que, para mi sorpresa, anoche hacía zapping por la cantidad de basura televisiva que se puede ver hoy en día, y después de apretar el mando con asco y a toda velocidad para no ver al bicho ese llamado Belén Esteban en un primer plano vomitivo de su geto, me encontré con una escena de acción de uno de los 'mitos' del cine (apreciese el entrecomillado): Steven Seagal en En Tierra Peligrosa 2. Con Steven (para poner en situación a los afortunados despistados, uno de esos matones del tipo Van Damme o Stallone), la película es de esas que has de ver con tus amigos, pizzas y unas cervezas después del fútbol, para reírte a gusto de las sandeces, bravuconadas y machotadas del menda. Una peli para un público del perfil del americano base, republicano y con un arsenal en su casa, por si vienen los malos.
El caso es que dicha escena de acción pintaba a nuestro amigo Steven al volante de una desvencijada camioneta típica del sur de Estados Unidos, y detrás de él, un camión de morro largo al más puro estilo yanki. Los planos a pie de suelo, la cámara subjetiva en el camión, la persecución en sí, me recordó a la película de Spielberg, y entonces mantuve la emisión. Seagal se adornó con maniobras de intrépido, y el camión con golpes que dicha camioneta nunca aguantaría, y hasta el tema tuvo un intento del morlaco de aplastar a nuestro amigo Steven y su viejo vehículo contra la ladera de la misma montaña. En esas, una piedra cayó del cielo y cristalizó la luna delantera del héroe, y este, memorable, soltó una patada a la luna (con el pie derecho: el del acelerador, ¡ojo!) para expulsarla y poder tener visibilidad. Las cabriolas de la pick-up eran de escándalo, pero Steven seguía sin despeinarse. El crack. En esas, se mete en un terreno de tierra, los planos se abren mientras se ve el rodar de sus ruedas a toda prisa, y se intuye que es una pista sin salida. Allí, el mago del volante frena la camioneta, y entonces el camión embiste a sus anchas, con Seagal haciendo un pase de torero y el camión volando y chirriando por el acantilado, en una imitación de la mítica escena de Spielberg. Y ovación y aplausos por la jugada. En la siguiente escena, Seagal se va a misa, chaqueta de cuero abotonada, pelo tieso como la piedra y entrando en la iglesia moviendo el cuello de izquierda a derecha para colocar las cervicales, y entonces suelta un discurso al hilo del argumento de la peli, el cual desconozco sin pesar. Qué grande es el cine.
13 octubre 2010
El partido Armenia-Andorra
Ya se ha acabado el partido. 4-0 para Armenia. En el minuto 3 nos quedamos sin ilusión con el 1-0. A partir de ahí, sufrimiento personal por un equipo que me gusta verlo evolucionar. Va poco a poco, pero va. Son unos cuantos futbolistas con su vida paralela a este deporte, con el que no se ganan la vida. Son administrativos, repartidores de mensajería, funcionarios, policías o trabajan en una empresa de seguros. Y futbolistas a tiempo parcial.
Ayer perdieron contra Armenia en el Estadio de la República, que era una auténtica fiesta. La afición armenia y sus narices (un día aclararé esto) vivieron cada minuto como la gloria. Son una selección menor que, en los últimos partidos, está ilusionando a su país, porque hacen buen fútbol y porque el otro día ganaron a Eslovaquia (jugó el pasado Mundial de Sudáfrica) y a Andorra, lo cual no es para tanto si se mira bien mirado.
Andorra, los titulares y los suplentes, escuchando El Gran Carlemany.
El caso es que ayer pasaron por encima de Andorra. En el descanso ya iban 3-0, y la verdad es que a uno se le queda cara de tonto porque cuando llegas al estadio crees que puede ser un gran día, cuando suenan los himnos y ves el ambiente te emocionas y supones la sorpresa, e incluso te imaginas un gol con el que poder saltar del asiento. Tal vez con eso sea suficiente. Pero ayer no fue ese día.
Antes de entrar al estadio de la República de Armenia; por fuera parece una plaza de toros.
Sin embargo, pienso que el fútbol es como el ciclismo (¿esto lo he escrito yo?). Es decir: el esfuerzo siempre trae sus frutos. A lo mejor el premio es simplemente ir a cola de grupo sufriendo, pero aguantando los tirones. Pero ya es un premio si vienes de más abajo.
Salud. Y kilómetros.
12 octubre 2010
Otros trozos de Armenia
Los siguientes videos son de la misma Catedral desde fuera, con los contrastes del país. El centro de culto -muy congregado, por cierto, y con mucha gente joven, tanto hombres como mujeres- en un montículo poco cuidado, lleno de hierbajos a un lado y chabolas al otro, con la estación central del metro al final de la escalinata, y con el mismo centro de la capital, con las sedes de algunos ministerios incluidas, a escasos 200 metros de ahí. De eso va el otro video, de la plaza gigantesca en la que en la época soviética, justo en el centro, se alzaba una estatua en honor a Lenin.
11 octubre 2010
Unos pedacitos de Erevan (Armenia)
El primero, el intenso tráfico con sus vehículos Lada y sus minibuses o furgonetas para la movilidad interurbana, en una de las grandes avenidas alejadas del centro de la ciudad.
El segundo, la monumental plaza donde se encuentra el Monumento de la Madre Patria. Esta edificación es totalmente soviética, y se abalanza sobre el centro de la ciudad gracias a una gigantesca e inacabada escalinata ajardinada que va a dar directamenta al centro neurálgico de la urbe. Monumentalidad de ex-república socialista soviética que ya conocemos.
El tercero, es de nuevo de tráfico, pero esta vez en una calle céntrica. Para mí los vehículos de un país hablan de su economía.
El cuarto, el Estadio de la República, donde mañana se juega el Armenia-Andorra. Hoy estaba vacío en el entrenamiento andorrano, pero mañana puede que se llenen las apenas 20.000 localidades que tiene. Por fuera merece una foto porque parece una plaza de toros, con arcos y columnas incluidas, pero ayer no le pude hacer una foto, y no sé si podré hacerlo mañana, porque será de noche.
Viena, camino a Armenia
Después del paso fugaz por Viena, un nuevo avión nos ha traído a Armenia, desde donde escribo estas líneas a las siete de la mañana (aquí son tres horas más que allí). Mañana visitaré Ereván (o Yereván), e intentaré, si el trabajo me deja tiempo, colgar alguna foto aquí. De momento las que os dejo son de esta tarde en Viena. El mundo es muy grande, pero al mismo tiempo muy pequeño.




