En la acera, las piernas me temblaban: el mejor momento del verano. Fue aquel instante grandioso la felicidad absoluta. Todos aquellos amigos de la infancia en el momento de placer social más grande de sus vidas. Aquel desfile de música, aquel público entregado que no hacía más que responder a los gestos de unos hombres que sentían lo que hacían, vivían el momento con una intensidad que Juan, saciado del placer por la tradición, colmado por sus amigos, arropado por todos y querido por más, agradeció ofreciéndoles al término aquella bandera que el bando cristiano defendería después con fervor ante el moro. Espada en mano, cascos al aire, los dientes y la rabia y el poder de la fuerza de la amistad.Reflexiones, viajes, visitas a todo tipo de lugares y, en sí, batallitas varias de un amante del deporte y de todo el mundo que desea disfrutar de lo que nos da la Tierra.
15 noviembre 2011
Esos Fontanos de Ontinyent
En la acera, las piernas me temblaban: el mejor momento del verano. Fue aquel instante grandioso la felicidad absoluta. Todos aquellos amigos de la infancia en el momento de placer social más grande de sus vidas. Aquel desfile de música, aquel público entregado que no hacía más que responder a los gestos de unos hombres que sentían lo que hacían, vivían el momento con una intensidad que Juan, saciado del placer por la tradición, colmado por sus amigos, arropado por todos y querido por más, agradeció ofreciéndoles al término aquella bandera que el bando cristiano defendería después con fervor ante el moro. Espada en mano, cascos al aire, los dientes y la rabia y el poder de la fuerza de la amistad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario