30 noviembre 2011

"¡Viva la vida!", por Luis Cortés

Crónicas de la maratón de Valencia en primera persona. Hoy, escribe Luis Cortés sobre su experiencia junto a su hermano, debutante en la distancia de los 42,195 kilómetros.

¡Viva la vida!

Eran las 7.45 de la mañana del domingo 27 de noviembre de 2011 y todavía no había decidido si correr con la cabeza, con las piernas o con el corazón la que sería mi tercera maratón, otra vez en casa, en Valencia, aplazada una semana por las elecciones generales y unos cuantos meses por motivos estratégicos de atracción de nuevos, preferentemente extranjeros, adeptos entre nuestra congregación. Éxito de participación; 15.000 deportistas tomaron las calles de la capital del Túria, de los que 7.000 valientes se decidieron por la distancia maratoniana, que me sigue pareciendo inhumana, por cuanto pasa de los 30 kilómetros, límite de la cordura, exponiendo tu cuerpo a sorpresas, imprevistos, quejidos y calambres, rayos y centellas.

Tiempo bueno: 10 grados, soleado. Bolsa de basura, ¡vaya pinta llevas hermano!, calentamiento por el Río (que nos escucha), llegamos, tranquilos, fuegos artificiales, un afortunado fotógrafo en la punta del Palau de les Arts, solitario, como todos en la línea de salida, tras meses de preparación. ¡Mira, Kaiku, vamos a saludarle!. “Joder, qué alegría, los Hermanos Cobos corriendo la Maratón. Vais a flipar, hemos puesto música cada 2 kilómetros. ¡Suerte!”
Rostros conocidos, muchos debutantes, ilusión y expectación: A Les Nou (9.00) y A Corre-cuita!

Vamos con el grupo con práctico para acabar en 3 horas y 45 minutos... hasta que: Km34, 34 años de vida, un gran placer correr juntos, él sólo quiere llegar al 35, como cuando quieres ser mayor, pero es un mundo, el Everest, a pesar de haber superado ya su “Muro” entre el 28 y el 32 (ahora su edad).
Quiere llegar y parar pero su masa muscular le impide continuar, sus cuádriceps se contraen sin remedio. No hay solución, nos pasa el tren de las 4 horas, que arrastra la crisis y el deseo, el dolor y la pasión, el sufrimiento y el deporte, en una escena sobrecogedora. Es la civilización.

Llegamos a meta muy satisfechos tras poco más de 4 horas y 10 minutos.
Avanzamos, maduramos,
finalizamos.
Astérix y Obélix.

Gracias familia, amigos, compañeros, organizadores, animadores, músicos, voluntarios, limpiadores, etc.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que nunca llegas a saber qué significa una maratón hasta que no te enfrentas a ella. En el km 25, donde todavía las fuerzas y la confianza me acompañaban, aparece de repente a mi lado un larguirucho compañero y suelta un "hasta el km 30 no empieza la maraton", y yo pienso: "joder, y que coño estoy corriendo yo?", y vaya si tenía razón....
El sufrimiento de esta prueba traspasó mis límties, aunque creo que sufrí más de impotencia que de dolor, notaba que no podía seguir, pero la ilusión que había visto en sus ojos me empujaba a continuar. Eran dos fuerzas que iban pugnando por vencer en cada km y en medio me encontraba yo, sin saber qué hacer, sin saber qué pensar. Él tiraba de mí, el otro me clavaba en el asfalto.
Al final ganamos él y yo, porque cumplí un reto, porque superé los obstáculos, porque lo hice con él, porque sobre el asfalto como en la vida, aunque no se habla mucho, se sabe quién está ahí al lado.

Gracias Asterix

Anónimo dijo...

Enhorabuena eres muy grande luís, me alegro mucho. Un abrazo de tu compañero y amigo zori